Todo por la pasta (y los calamares)

El juego del Calamar (The Squid Game , Squid Games , Round Six): “A buenas horas nos vienes a contar cosas de la serie” pensaréis… dadme un poco de cuartelillo, que mis razones tengo. La primera, que ya habrá bajado la sobredosis de comentarios y noticias sobre la serie, que nos tenia empachados. Entre el marketing avasallador lanzado por la productora y sobre todo la distribuidora, los que hablaban de la serie para hacerse notar, los que le contaban al mundo lo buena que es, los que le contaban al mundo lo horripilante que es… menudo gallinero teníamos montado. Ahora ya, con mas calma y bien digerido el platillo, podemos comentar detalles.

El reclutador reclutando reclutados. Y donde entendemos eso de que la mente superio domina a la inferior, como decía el chiste. Fíate de un Goblin…

La idea básica no es nueva: un montón de infelices que se dejan matar y se matan entre ellos (literalmente) por el sueño de conseguir un montón de dinero que les resuelva la vida, contemplados por unos ricachones que los han cosificado y creen estar por encima de las leyes y la propia decencia gracias a su dinero (y, de hecho, lo están). Venga, si, esto lo hemos visto en Battle Royale, y Cube, y Saw, y As the Gods Will, y The Running Man, y en Los Juegos del Hambre, y… caray, que los romanos ya tenían su versión analógica con los gladiadores destripándose en la arena de los coliseos. La diferencia es que los lanistas intentaban conservar a sus buenos luchadores de combate en combate, y no les hacía ninguna gracia el que acabaran siendo examinados por Mercurio y Dis Pater y arrastrados ignominiosamente a la Puerta de la Muerte (los que eran carne de cañón les daba igual). Aqui no, aqui hay matanzas al por mayor

El ninot con rayos X en los ojos… habrá aparecido en alguna falla?

Lo que resulta novedoso es la utilización de juegos y estética infantil (casi moñas, diría yo) para ir descartando jugadores. El contraste entre la aparente benevolencia que asociamos a la infancia con la brutalidad y violencia exhibida a todo color ha molestado (y mucho) a una buena porción de espectadores. Que es muy sangrienta, que es muy gore, que si, que si, vaaaale… acostumbrados a las pacatas producciones de series coreanas que no llevan la etiqueta de “terror”, les ha impactado. Normal… y esta serie de terror, de terror, no es. Descarnada en las escenas de sexo (ese polvete en el cuarto de baño, ese paquete de cigarrillos escondido en el recoveco de la bisectriz…), exuberante en el uso de la sangre, indiferente en su moralina (los malos no son castigados, la bondad no es premiada) … pero no hay terror estricto. El miedo y la angustia viene cuando comprendes que es una parábola de la sociedad de Corea del Sur o incluso de nuestra muy capitalista y cruel sociedad occidental. Puedes caer en la pobreza por tus propios pecados (la ludopatía, la avaricia…) o por la maldad de los demás (el jefe que no te paga tu bien mecido salario) o por la simple mala suerte (la norcoreana que está intentando sacar a sus padres del país vecino), y por mucho que intentes salir a flote cada vez te hundes más. El mundo “real” es un infierno así que con gusto muchos se apuntan los desclasados al jueguecito, al menos les dan cama y comida

Los psicópatas, sociópatas y violentos (como los gangsters) acaban depredando en la mayoría de gente normal y hasta decente, porque el egoísmo brutal les aporta una ventaja a corto plazo. Como las pirañas en una pecera. Cuando los peces normales se acaban, las pirañas empiezan a devorarse entre ellas, seleccionándose en cada escalón las más salvajes. Esposo contra esposa, amante contra amante, hermano contra hermano… Si haces trampas, mejor que mejor. Algunos guardianes hacen pequeños actos de benevolencia que alargan la vida de los desgraciados, pero poco mas

Aqui y allá salen esquirlas del argumento que obligan a suspender la capacidad de análisis. ¿Cómo es posible que semejante edificio y complejo haya sido construido y se mantenga oculto? Vale, es una isla… vale, el dinero tapa muchas bocas… vale, ni los guardias ni los jugadores pueden salir del complejo… pero los obreros que hicieron los edificios algo habrán contado por ahí de extrañas construcciones en medio de ninguna parte, algo se les escapará a los proveedores de suministros que de vez en cuando llevan comida y productos de intendencia a la isla… o los que decidieron no volver a jugar… ¿los han matado a todos? Pues debería haber cientos, miles de muertos; vamos, por mucho que untes a los políticos y los medios los rumores deberían estar circulando entre la población. ¿O es que TODO EL MUNDO ha decidido ignorar los síntomas? ¿los pocos que han esquivado el reclutamiento han quedado tan ignorados como el predicador de la cruz en el capítulo final, etiquetados de fantasiosos y locos? Quizás sea otra metáfora de la sociedad hipercapitalista, donde, aunque los males están a la vista de todo el mundo, la gente cierra los ojos y se niega a aceptar la evidencia

La solidaridad y la compasión no sirven de nada porque no puedes plantearte alianzas. Aunque en medio del horror haya rayos de bondad (ese abuelo al que ayudan con la ropa mojada…) al final no sirve de nada: no hay esperanza, hoy te ayudo y mañana te corto el cuello

Hay mucha gente que se ha quedado decepcionada porque no hay “historia romántica” (lo del gánster y la fumadora no es amor precisamente) y por el final, porque “los buenos deberían ganar”. Ha ganado no el mejor, ni el menos malo, sino el que ha tenido más suerte, y por lo menos tras un periodo de reflexión (o transformación personal, o putrefacción alquímica) intenta solucionar sus problemas y arreglar lo que dejaron a medias sus compañeros. En vez de gastarse hasta el último won en juergas y despiporre (convertido en un igual de los ricachones repodríos que se divertían con el espectáculo) se ha quedado en “clase media apañada”. No es mala persona en el fondo, y si además ha conseguido curar su ludopatía podrá seguir viviendo (quizás el pelo rojo es otro signo visual de su trascendencia, la calcinación que lo ha liberado de su parte volátil, ese componente intoxicante de los juegos de azar). Su nuevo objetivo en la vida es luchar contra la organización que sigue en marcha

El ludópata apostando en las carreras de caballos (uno de los pocos sitios donde hacerlo legalmente en Corea del Sur). El gestor de inversiones pillado en falta. El anciano que parece que se va a desplomar en cualquier momento. El mafioso de medio pelo por cuya cabeza han ofrecido recompensa «los thailandeses»

Venga, vamos a la parte técnica. Visualmente, es un producto excelente, con potentes iconos que se quedan bien marcados en la retina (la muñecona gigante, las escaleras rosas, los chandals de guardias y jugadores…). Buen montaje, buena BSO, rodada con medios a tutiplén, cuidadoso trabajo de postproducción, sólido trabajo de cámara… Y los actores, fenomenales. A Lee Jung-Jae, el protagonista ludópata hasta las cejas, nos lo creemos totalmente (anda, si ya lo conocíamos haciendo de Yeomra, Dios del Inframundo). Tiene un CV moderado, pero es que también es empresario, para todo no llega. Otro que está convincente es Park Hae-Soo, que ha empezado madurito en la pantalla porque está más en el asunto de teatro y musicales (ehhhh, es el poli metido a químico). Como el abuelo repajolero, O Yeong-su, que llevaba más de 200 producciones en el teatro antes de meterse en el cine. La historia de la norcoreana desesperada le ha debido tocar bastante: O nació en el condado de Kaepun (la hoy Corea del Norte), Después de que se trazó la línea paralela 38 a través de Corea, él y su familia se mudaron desde el Norte al Sur, y. durante la Guerra de Corea que siguió poco después, su padre fue asesinado y su hermano fue secuestrado por Corea del Norte. El ahora actor revelación (nunca es tarde si la dicha es buena) es un militar retirado, así me gusta, disciplina militar. De Heo Sung-Tae que nos van a contar… siempre haciendo de tipo duro, de gánster o de poli (nos dejó hipnotizados en el drama de las chicas perdidas, en la peli de la resistencia… ufff). Y aquí y allá salen montones de caras conocidas que como siempre acaban comiéndose la pantalla

KoreanSoup Kitchen for Homeless people in Seoul.(C) SEAN SPRAGUE 2003

Cuántos k-dramas y k-películas hemos visto ya en los cuales aparece el tema de la pobreza … ufff… y es que en el Dragón del Sur, que hasta hace cuatro días todos eran pobres por igual dentro de la enorme pobreza nacional, ahora lo que tienen es una desigualdad y unos escalones social tremendos. Los pobres cada vez hay mas, y los ricos (esa élite que era ridiculizada con el Gangastyle) cada vez mas ricos y elitistas. Y, desgraciadamente, muchos ancianos que han sobrevivido mas o menos dignamente toda su vida empiezan a caer por la pendiente y de pronto están juntando cartones con los carritos. La pobreza coreana es pudorosa siempre que puede, y como el famoso hidalgo del Lazarillo se coloca las migas de pan en la barba para simular un almuerzo que no ha comido. Si, la estadística es mentirosa, y aunque segun los números la media de esperanza de vida e indicadores de salud ha mejorado, la mitad de los viejos son considerados pobres. Juntemos a eso que el 10% de los niños pueden ser clasificados como «pobres» (aunque es llamativo que en la tabla del estudio que enlazamos, aunque el 19% de los encuestados no pueden acceder a fruta fresca, sólo el 2% está privado de Internet… curioso, muy curioso…). Si no ha explotado todo por los aires es porque hay muchas organizaciones e iniciativas locales que enjuagan las lágrimas y les ponen un plato de sopa en la mano (como Caritas, por ejemplo… anda, mira…).

Para una serie de tema distópico (o no tanto), una composición que se organiza con una composición casi arquitectónica. Los uniformes con las máscaras despersonalizan a los actores, que se convierten en unas figuras casi abstractas. Colocación simétrica especular a ambos lados del eje central, con el marco formado por las plataformas amarillas, los personajes de ropa rosa fuerte… las cabezas en triángulo, con dos símbolos iguales en la base de la pirámide y un segundo símbolo en la máscara que ocupa el vértice, están a su vez rodeadas de las formas mecánicas del segundo plano, y los colores destacan rabiosamente contra el fondo oscuro (un poquito de contrapicado y hala, nos quitamos los distractores del fondo). Sólo el distinto color de las cajas las diferencia, pero a su vez replica el negro del fondo y el aamarillo de los mecanos. Las luces blancas colocadas en hileras nos recuerdan las luces nocturnas de los complejos industriales o los puertos con sus grúas. Despersonalización, mecanicismo… ¿futurismo?. Eso si, como pille al encargado de fotografía que no supo poner la cámara bien centrada, paralela a las líneas horizontales, y torció el plano, le voy a poner a bajar y subir escaleras por el laberinto hasta que desgaste los escalones

Publicado por directoraymas

Apasionada por la fotografía. Mas de 40 años viendo cine de todo tipo y últimamente decidida a hacer sus incursiones en el asunto. Viajera siempre que puede, pudo y podrá. En la mesa lo mismo puede haber una tortilla de patatas que un wok de verduras o una selección de mezzes... Con semejantes antecedentes, solo podía organizar un blog ecléctico entre la curiosidad y el desparpajo

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3 comentarios

  1. Pues a mi me ha gustado muchísimo, aunque sea un remake de los juegos del hambre, le da ese enfoque realista de gente que lo pierde todo en la vida y se agarra al único punto de salvación que cree, y que resulta ser una tortura. Bien la trama, bien los personajes, bien la historia y que es muy realista , no siempre vencen los buenos.

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