
When the Stars Gossip (Ask the Stars , Way the Stars , Byeoldeulege Muleobwa; Si las Estrellas Hablaran): La primera pregunta fue: “oye, no sabrás dónde conseguir los últimos capítulos doblados al español, que me está gustando la serie”… y al día siguiente, “buahhhhh que como se me ocurreeeeee que soponciooooooo”. Avisaos estáis: este es un k-drama con final agridulce. A los que disfrutan estas producciones porque lo suyo son los finales felices, con todos contentos y recolocados, les ha subido la bilirrubina. Por eso las críticas han sido tan nefastas, y se centran sobre todo en el argumento.

La historia es en el fondo muy clásica, aunque la revoquen de modernidades: dos protagonistas que al principio no se pueden ni ver, y gracias al “efecto puente colgante” acaban enredados. Vale, si, tienen sus broncas y sus desencuentros, pero luego no es para tanto (ahem… IMVHO debería, debería ser para tanto…) y la aproximación es inevitable. Empezamos con un esforzado ginecólogo, que ha tenido que currarse desde muy pequeño lo de trabajar como un esclavo para poder estudiar. “Un ginecólogo y una astronauta son enviados al espacio”… No es un chiste de barra de bar, es la línea de entrada de esta comedia con ínfulas de trascendente. Suena absurdo, si, lo sabemos, pero es lo bastante delirante para llamarnos la atención.

Bueno, va… que a un desgraciado ginecólogo lo han mandado a flotar a la Estación Espacial Coreana con una misión secreta, o sea fertilizar unos óvulos con el esperma cochambroso del fallecido hijo de un superCEO con más duros que talento. La elección es evidente, porque o te subes ahí arriba a sufrir y a la bajada te casas con mi hija (que originalmente le había echado el guante para fastidiar a su padre) o te voy a machacar hasta que sólo puedas dedicarte a recoger cartones por la calle. Porque tuuuuuuuu mataste a mi nieto nasciturussssss (no, a ver, la pobre viuda estaba sufriendo un aborto espontáneo y el ginecólogo tuvo que salvarle la vida con un legrado, no se desboque buen hombre)

Los supuestos “motivos altruistas” del médico (que expone en sentidos discursos a lo largo de la serie) no lo son tanto, porque si efectivamente consigue montar una clínica en el espacio, sólo estará disponible para los muy, muy ricos que puedan permitírselo (aunque sea sólo mandar los gametos arriba y trabajar in vitro en gravedad 0). Obsesionarse con la transmisión de la herencia asociada a un ADN familiar es un atraso (aparte, ya hay técnicas de FIV en la tierra que ayudan a espermatozoides cojos a alcanzar su objetivo, coges el núcleo y lo metes directamente en el óvulo). Te tragas el asunto de los paseos espaciales y los encuentros-desencuentros de la comandante y el turista espacial, las broncas con el que ha subido a criar moscas de la fruta, los desastres de la basura espacial… esperando un poco de explicación, y nada, todo se mete empaquetado en la segunda mitad con extrañas componendas (amoave, sabes que han echado el revolcón imposible metidos en el saco de dormir y no le haces una prueba de embarazo antes de que vuelva a subir… y los móviles sin batería recuperan la carga sorpresivamente, no tienen bloqueo de pantalla y no cascan por la congelación… venga ya…)

Los coreanos no tenían mucha experiencia en series y películas espaciales (no, los engendros esos de papel y cartón no cuentan), pero chico, ha sido ponerse a ello y coger carrerilla. Supongo que una ver hecho lo más difícil, o sea el atrezzo y los FX originales, ya es cuestión de realquilarlos y reaprovecharlos. Con la serie aquella del agua lunar, tuvieron que fabricar trajes espaciales para varias tallas (no voy a decir de hombre y de mujer, porque es un estilo bastante unisex) y claro, la cosa es mas fácil. Y estaba la del pobre astronauta perdido, tambien hay cosas en almacén. Optaron por un estilo de Hard Sci-Fi (o sea, ajustándose con lupa a la técnica y la ingeniería actuales o al menos, esperables en un corto plazo, para no recurrir a la fantasía o extrañas distorsiones de las leyes de la física. “uy, aquí hay mucho tocho científico, esto no es lo esperable” “ya, pero es la realidad, en el espacio no hay tiempo ni energías para los romances, y ya le hemos explicado que el sistema hidraúlico no funciona” “nada nada, que lo saquen de donde puedan”. Es curioso ver cómo los mismos argumentos que indicaban que Esto-no-puede-pasar o Aquello-es-inevitable, era obviados por “los hechos contundentes”. Que sabrán los científicos aeroespaciales del mundo del K-Drama… ¿Usar los móviles en la Estación Espacial?¿a cuanto te van a cobrar la llamada? ¿y el retardo en las conversaciones?¿masaje cardiaco interno a un ratón? pssssssssss

Efectivamente, muchas críticas destacan la frustración de los espectadores. Claro, lo de menos es que “acabe mal”, porque si hubiera una historia robusta con buena base técnica detrás lo aceptaríamos (los sad endings tan famosos). Mi impresión es que sacaron mucha financiación con el argumento de que era una serie totalmente volcada en los argumentos provida (mayormente, anti-abortistas, con lo que cuesta sacar adelante un embarazo vas tu y le pones la zancadilla) sin que los que aportaban perricas se leyeran realmente el guión, y ya metidos en faena tuvieron que hacer mangas y capirotes de lo que había para conformar a los de la pasta. Venga, venga, mete escenas de las típica y clásicas de Dramalandia, mucha lagrimita, mucho momento emocional, aunque no pegue ni con cola con el perfil de los personajes ni pueda tener sentido. Porque hemos invertido una fortuna (50 mil millones de wones), incluyendo un casting de campanillas. Lo que se pudo pergeñar con el trabajo de los actores, se dejó a su responsabilidad, y cuando fueron a montaje algunas cosas no encajaban (tardaron cinco años en producción) así que el sufrido equipo de FX hizo lo que pudo con el agua al cuello. Con lo bien que había quedado eso de florar cual wuxia extraterrenal, cachis…tanto alambre para esto…

Como dice un opinador en un blog, lo mejor de todo esto es que te es tan indiferente los absurdos dramas personales que te despierta la curiosidad por la realidad de la exploración espacial. Mejor que los divulgativos de Neil deGrasse Tyson. Y los que crecimos abducidos por la suave voz y sonrisa de Carl Sagan, nos lo pasamos genial. Mi recomendación es que os divirtáis con las escenas individualmente, móvil en mano para ir buscando información, y paséis de todo lo demás. Aunque si, los actores trabajan muy bien: Lee Min Ho no había asomado por aquí (aunque debe ser muy conocido en Corea por algún k-drama muyyyy popular; aquí te dan ganas de meterle cuatro guantazos a ver si espabila), al contrario que Gong Hyo Jin (la misma cara de morros apretados que cuando estaba en salud mental). Oh Jung Se hace un personaje O-DIO-SO, el señorito rico jugando con las moscas (por dios, con lo que le adoramos en el monte, haciendo de autista…) y eso nos convence de que ni siquiera un excelente actor es capaz de sacar adelante una birria de guión. Otro que suena la cara: Kim Joo Heon, claaaaro, es el editor de la loca, y estaba en el mundo de la moda, y aquí es mando en el centro espacial coreano y novio de la comandante (a la que pone unos soberanos cuernos con otro mando, la directora del centro de mando en tierra). Ea, esta divertida actriz ha sido muuuchas cosas, desde secretaria-perro a neuróloga, diosa protectora…Con todos ustedes, Lee El.

Claramente, este k-drama ha sido dirigido para encajar en las campañas pronatalidad del gobierno coreano. Que en este momento, la natalidad del país es una de las mas bajas del mundo: con una tasa de fertilidad que se estima en un 0,75 (y eso que ha subido un poquito este año) y una pirámide poblacional que hace equilibrios como el elefante sobre la tela de al araña, la Casa Azul (“¡es una emergencia nacional!”) ha decidido emplear todos los esfuerzos en convencer a la población (¡a sus mujeres!) de que tengan hijos y los críen. Para eso han tomado medidas “activas” desde 2012, como promover extensas campañas publicitarias y anuncios, posters, marketing en medios de difusión, envíos masivos de correos… y evidentemente, tan inútiles como sustanciosas para los que pasaban la factura al ministerio. Si hombre, que por ver un poster con un nene en un mupi del autobús vas a decidir así, de pronto, quedarte embarazada (la misma lógica que ha cargado la suerte en esta serie, con su chorreo de imágenes softie del episodio final). Visto lo visto, se optó por intentar otras medidas, como regar a manta con dinero a las familias con hijos (desde cheques-familia a casas subvencionadas, taxis gratuitos, cobertura de los gastos hospitalarios y tratamientos de fertilidad in vitro (pero solo para las parejas casadas). Sin embargo, está claro que los valores de los baby bonus originales no han impactado casi nada en la decisión familiar. Nuevas medidas se han ido añadiendo como excedencias pagadas, horarios flexibles, educación de los hombres… si, porque en la gran mayoría de los casos los maridos se lavan las manos en la crianza, y dejan el asunto (y el esfuerzo) a las espaldas de las madres, que acaban siendo “viudas de guerra”, con parejas que se van por la mañana antes de que se levanten los hijos y están desaparecidos hasta medianoche, generalmente por asuntos de trabajo. Bueno, y unos cuantos por el despiporre masculino, hablemos claro


Hay varios factores muy determinantes detrás de la baja fertilidad: las larguísimas jornadas de trabajo (que a veces se extienden al fin de semana), la dificultad de encontrar vivienda (los matrimonios sobreviven en ratoneras miserables), lo difícil y caro que es casarse (la gente se casa a edades mas avanzadas, y a veces, ni eso, como mucho un amigo/a con derecho a roce), la imposibilidad de la conciliación y sobre todo, lo caro, caríííííísimo que es criar a un hijo. La educación privada es estratosféricamente inaccesible, mas que la estación espacial. Esta es una de las características que hacen especial a Corea: y es que, aunque la educación publica es gratuita y obligatoria en la escuela elemental (6 años) y media (tres años), la educación superior (3 años) ya empieza a cargar por las tutorías, y si decide pasar a la Universidad (3 años) ahí ya toca dejarse la cartera. Y quien no va a elegir Universidad, por dios, con lo mal, fatal visto que están la formación profesional y los grados medios, nanananannanana, mi niño va a una universidad, aunque luego no encuentre trabajo ni de broma y falten trabajadores manuales y técnicos.

Para eso, claro, desde los cuatro añitos los nenes van a las academias de refuerzo (cram schools, las «hagwon»), típicamente para aprender inglés jugando (y doblando como guarderías para sus madres trabajadoras, que trabajan para pagarlas en un círculo vicioso), entrando en un infierno de trabajo brutal y competitividad donde queman su infancia, se ahogan en ansiedad, se frustran ante las escasas salidas laborales disponibles y acaban suicidándose en masa. Con esas perspectivas, está claro que un puñado de postales cursis en una serie malbaratada no va a cambiar las tornas, y hacen falta mejores políticas que limitarse a culpabilizar a las madres (las mujeres, las mujeres tenemos la culpa de todo, desde Eva, Pandora, Lilith o Lucy correteando por la Garganta de Olduvai a culo pajarero). Las políticas pronatalistas no pueden quedarse solo en apoyar a las mujeres o a las parejas para que produzcan niños olvidándose de lo que viene después de salir del paritorio


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