Menudo pico de oro tienen algunos

A la que te descuidabas, te apaleaban o te decapitaban. Es peligroso ser pobre, antes y ahora

Hala, vamos a sacar la ralladora de hielo de su caja y empezar a plantearnos postres fresquitos con pocas calorías y menos esfuerzo. Ya sabeis: esas montañas de copas de hielo que parece nieve y que se coronan con todas las cosas que os podáis imaginar, de frutas a siropes, leche condensada (muy popular por esos lares), chocolates en bolitas o chispas… Y para desconectar mentalmente, tres series que, agrupadas bajo la premisa “abogados con clientes especiales”, nos dejen buen sabor de boca (como el postre), aunque sean blanditas

Pro Bono: Empezamos por el más “normal”. Masomenos. A ver, las actuaciones legales pro bono son las que se ofrecen a los clientes (muchos, criminales, pero tambien víctimas de casos civiles, organizaciones sociales, colectivos vulnerables más desfavorecidos…) que no pueden pagar un abogado al uso. En España se engloba en la justicia gratuita, pero son conceptos distintos, y tampoco es el turno de oficio. Venga, os lo puntualiza este señor. En la serie (ojo, es el sistema legal coreano y tiene ramalazos de shows americanos, no extrapoléis), un prestigiosísimo despacho de abogados de superélite tiene organizado un equipo de infelices escondidos en un sótano, a los cuales endosa los “casos miseria”. La firma se pone las medallas, los pringaos saben que no tienen apoyos, y todos tan contentos jugando a las caridades.

Y esta es la tan cacareada responsabilidad social de las grandes empresas que dicen

En este equipo aterriza como un meteorito un abogado estrella que ha sido destituido como juez por un complicado plan amañado (ha pisado muchos callos de gente importante), que ha caído al negro pozo y así consigue agarrarse al último clavo ardiendo. El tipo es inteligentísimo y muy, muy trabajador, pero ¡ay! no fue a la Facultad de Derecho, directamente se sacó el examen (¿eso se puede hacer en España? Creo que no)

Esa sonrisa de perfidia y cálculo…

Los casos que les entran por la puerta son a cuál más disparatado, y claro, sabemos desde el principio que van a ganarlos, lo que nos interesa es el cómo.

Demostración práctica al juez y al abogado de la parte contraria de lo que significa ser discapacitado con silla de ruedas en la «adaptada y cómoda» gran ciudad. De paso, saca el trapito sucio de algunos problemas sociales en Corea, como el trato a los animales domésticos (ojito al perrito y el collar de castigo)

El nombre del personaje principal es Da Wit, que suena a David, el humilde cabrero que derriba gigantes con certeros tiros de honda. Venga, ganamos los casos, espabilamos a los abogados del sótano (cada uno con su propia historia personal de fracasos y rebeldías), restituimos el buen nombre del protagonista, deshacemos el contubernio y le sacamos las capas endurecidas que tiene sobre su corazón. La realización buena, los casos divertidos… Los actores nos los creemos, venga, como ese exjuez que es un palo flaco y teleñeco (por dios, que delgado está Jung Kyung Ho, no sé yo si es así de consumido o está enfermo de algo), y que anda, antes fue exnovio de la empresaria que se fue al norte volando, volando. No tanto a la entusiasta, inocentona, exagerada subordinada, que parece medio boba o boba del todo (So Ju-yeon, demasiado hype, querida). Como jueces en los casos irán desfilando algunas caras conocidas, y casi son parte de la diversión (además se les nota la veteranía, se comen la pantalla)

Phantom Lawyer (God and Law Firm , Law Firm of Shinyirang , Shin and Law Office , Shinrang Law Office): resulta que Jung Kyung Ho, el actor principal de la serie anterior, justo el año pasado estrenó una producción (Oh My Ghost! Clients) que se basaba en la misma premisa que la que ahora comento: un abogado inocentón que recién licenciado se tiene que “especializar” en casos que tienen que ver con fantasmas. O sea, igualito que esta. Como (aun) no la he visto, no puedo comparar detalles, pero oyes, me pongo manos a la obra para bucear y rescatarla, y os comento esta vuelta de tuerca al tema “alguien tiene  que hablar por los muertos”.

Ay el exganster, que cañero

Un abogado hijo de un antaño brillante fiscal al que apiolaron y luego cargaron con falsas acusaciones (y van…) que no consigue empleo en ninguna parte por la mano negra que hundió a su familia, así que decide montar su propio bufete (imagínate , de ser una señora de buen pasar a tener que trabajar de carnicera, la viuda lo ha pasado fatal). Como no tiene mucho dinero, alquila una oficina que resulta ser la antigua “consulta” de un chamán. Total, que al patoso, tímido y novato (muy novato) abogado se le empiezan a aparecer fantasmas amnésicos reclamando que alguien (el, mayormente), haga algo, porque ni pueden trascender, ni arreglar sus cuentas, ni nada, y encima, si se quedan mucho tiempo por aquí, se transformarán en espíritus malignos. No es sólo por caridad por la que el abogado se mete en el asunto, sino porque cada vez que un espíritu “cliente” se emociona, posee al pobre abogado, que se mete en unos tinglaos del quince

Despidiendo al cliente

Aliado con un sacerdote que antes fue tambien chamán (simplemente, cambió la empresa) y el cuñado actor de tercera (un buen hombre lleno de recursos, ya quisiera yo que me hubiera tocado uno así y no el concuñado maligno y sociópata que tengo que sufrir, pardiez), el abogado tiene que investigar el nombre del fantasma, la causa de la muerte injusta y resolver el caso. Aparte de un poquito de tribunales en el primer caso, luego no vuelve a salir la sala de los juicios (¿no pudieron reservar el set de rodaje?). Una vez se apaña el asunto, se reúnen en el techo del edificio y queman el talismán que los mantenía unidos a este mundo para permitirles el tránsito.

El pánfilo, la esceptica y un cliente (fantasmal) de pasajero

Al equipo del bufete se une la escéptica (luego reconvertida) abogada de un gran bufete, despedida por no dejarse mamonear por el hijo del presidente de la firma, acomplejado señorito que lo que quiere es quitarse de encima al padre tirano. Bueno, vale, viendo desde fuera las cosas raras que hace el abogado chamán (sobre todo cuando está poseído), es normal que se te erice el pelo de la nuca y salgas pitando. Lo que pasa es que hay que comer, pagar facturas y tal, y no todo el mundo traga con piedras de molino (o cosas peores) para conservar el puesto y el despachito

Bien mirado, el despacho es una preciosidad, decorado con el estilo clásico recargado y lleno de color de un templete chamánico. Detrás tiene una pared de cristal con banco (que a veces se ve, a veces no, otro problema de racord) que me chiflaba. Y la pared, con ese cloisoné maravillloso donde se pegan los talismanes, gana muchisimo cuando acepta su naturaleza y despega los papeles blancos que los escondían

La serie es un “bah, se deja ver, aunque tiene momentos chisposos”. No busquéis mucha batalla legal en tribunales, esto es mas una fábula moral con cuentecitos lacrimosos envuelto en togas. De hecho, el protagonista podría tener cualquier trabajo, un oficinista, un florista… o un actor de quinta fila. Se acumulan los tropos y los tópicos, la lógica narrativa hace aguas con tal de sacar el melodrama, y hasta los personajes mas potencialmente explosivos (como ese exganster del primer caso, oh, ¿reconocéis al actor?) se desperdician.

Una sufrida madre viuda (siiiii, la conocemossssss) y un bendito cuñado entre figuración y figuración

Y eso que con algunas caras en el reparto habíamos depositado esperanzas. Al protagonista (Yoo Yeon Seok) le han endosado un personaje que no tiene aristas, y para lo que hace igual podría haberse quedado cocinando, como cuando lo conocimos. La abogada pasada al nuevo bufete es Esom, y con lo guapa que es esta chica, aquí sale fea, con una cara desencajada. Joer, que la vimos mucho mas guapa en la de los taxis, o la de los asesinos conglomerados. Y el cuñado, ay, el cuñado es lo más mejor, Jeon Seok Ho, que jugó con calamares. Lo han anunciado y vendido como la gran serie de primavera, pero se queda en una natilla (sin galleta maría). Y aunque intenta jugar a la calidad, tiene evidentes fallos de racord, realizacion convencional…

Joseon Attorney: a morality (Joseon Lawyer): que os pensábais, que antes no había abogados en las tierras del Este… pues vaya si había: existían los oejibu (外知部), quienes eran los defensores legales informales o abogados en la era Joseon, dado que el sistema original no permitía a los ciudadanos representarse legalmente a sí mismos de forma oficial

Este k-drama se origina en un webtoon escrito por Jung Ho Rak e ilustrado por Shim Jae Yong que debe estar funcionando bastante bien en Corea, y como no he leído, no sé si deciros que es mejor o peor que la serie.

Otra vez un abogado de protagonista, otra vez en lucha contra el sistema. Es que mire, resulta que el tipo (que aparece para montar despacho subido a un borriquillo y acompañado de un fiel servidor agobiado) tiene un tráaaaaagico pasado, y un poderoso motivo: vengar a sus padres asesinados por una conspiración (otra mas). Si el abogado de los fantasmas era bobalicón, y el de los pobres, retorcido, este es un manipulador de las leyes y los sentimientos de las víctimas para ganar dinero, porque necesita muuuucho, muuuucho dinero, y lo rascará de donde sea. Siniestro cuando expone sus planes, intrusivo, susceptible y molesto, parece que no conoce la palabra “espacio personal” incluso con gente a la que acaba de conocer; su comportamiento es repulsivo y choca con la narrativa cuando esta da un volantazo y a mitad de historia se convierte en una comedia amorosa con seducción, hipergamia (yep, el tipo apunta alto en su objetivo erótico) y una venganza que se lleva por delante a todos. Si en vez de una rom-com lo hubieran dejado como algo mas carnoso, hubiera subido puntos. Aunque igual no hubiera podido encontrar productores, obsesionados con contentar a un público infantilizado que quiere asegurar el final feliz y la redención de sus protagonistas, por irritantes que sean.

Es que uno se pregunta si la princesa socialmente motivada, que gestiona bajo una identidad modesta la casa de huéspedes de Sowongak (propiedad de la señora Hong, la niñera de la filantrópica princesa y cómplice de sus empeños) es medio ciega o ha sido abducida, aliándose con semejante pajarraco. Vamos, ni con un palo.

Pues eso, una vez mas se denuncia la cruel e injusta sociedad joseana, que machacaba al pobre y aun mas a la mujer, que permitía la corrupción y el abuso de poder sin la compensación de la alabanza de la caridad o la justicia. Técnicamente impecable, con elegantes movimientos de cámara (que se luzca el set, caramba, que lo hemos pagado) y a veces metiendo panorámicas de 360, preciosista fotografía, buen atrezzo, gran ambientación (ay el borriquillo, que gran actor). Los actores masculinos muy adecuados, empezando por Woo Do Hwan, que controla la comedia

Y hace una exhibición de carne mollar que nos anima los perejiles a las damas… y seguro que a mas de un caballero de gustos similares.

Le da la réplica Bo Na, una vez mas cantante reciclada, que ha hecho muchísima carrera en shows televisivos y aquí se pega toda la serie con la misma expresión, bah, aburrida. . Que tambien es muy tablón el pobre magistrado que bebe los vientos por la princesita, (Cha Hak Yeon, ah, lo tenemos visto picoteando), que encima de ser muchísimo mejor persona es guapo a rabiar (lo dicho, la princesa está abducida, el atractivo de los malotes con six pack).

Sea usted un sufrido guardaespaldas para tener que acompañar a las damas de incógnito. Porque del sanchopanza del bigotito, no te puedes fiar
Los guapos y la princesita

Y otro guapo que nos llama la atención es el rey hermano de la niña, atornillado por la facciones políticas y problemas del gobierno, veamos, Seon Geon Hee…andaaaaa que es el dueño del bar del pueblo de los fantasmas

Al tuntún elegimos una foto para analizar, con la pareja estudiando casos y cosas, ella trabajando como una pasante del maquiavélico abogado. Iluminmos toda la escena de forma regular respetando la dominancia de los dos focos principales: la luz nocturna que entra por la puerta del patio (que esta vez no hemos hecho demasiado azul, como es costumbre) y la lámpara de la mesa (con un tono cálido) para las caras y los pliegues de la ropa. Los personajes hacen un triángulo que tiene su base en la mirada del espectador. Visten de azul y verde para destacar en el fondo blanco y madera del fondo, ligeramente desenfocado

Me voy a hacer un gazpacho a la salud de tantos estudiosos de librotes, ea, que los legajos acumulan polvo y me pica la garganta

Publicado por directoraymas

Apasionada por la fotografía. Mas de 40 años viendo cine de todo tipo y últimamente decidida a hacer sus incursiones en el asunto. Viajera siempre que puede, pudo y podrá. En la mesa lo mismo puede haber una tortilla de patatas que un wok de verduras o una selección de mezzes... Con semejantes antecedentes, solo podía organizar un blog ecléctico entre la curiosidad y el desparpajo

Deja un comentario