
Mousetrap (Field Mouse , Field Rat , The Rat): Pues seguimos filosóficos, aunque esta vez lo seamos sin asepsia y relax. Porque esta miniserie nos hace preguntarnos (aunque nos neguemos a entrar en el proceso) qué es un nombre (ah, la rosa, la rosa, la rosa shakespiriana), a quien le corresponde, cómo nos identificamos y sobre todo cómo nos identifica un nombre ante la sociedad. Un nombre funciona como la primera carta de presentación ante los demás y define el sentido de pertenencia individual; nos separa del Otro, pone un límite a nuestra integridad personal, y nos ofrece el punto de partida desde donde construir la realidad (al menos, una “realidad” que podamos aceptar). En trastornos graves como la esquizofrenia o estados disociativos, la relación con el propio nombre y la propia identidad puede fragmentarse. El paciente puede sentir extrañeza (despersonalización) hacia su nombre o dejar de reconocerlo como propio. Para el zoon politikon que no tiene mas remedio que interaccionar en la red de codependencia de la sociedad humana, el nombre lleva asociado un identificador que permite al Estado y a las instituciones llevar un control demográfico, garantizando derechos civiles, obligaciones y herencias… Y cobrar un sueldo, pagar facturas y compras, disponer de una propiedad, acceder a un servicio o una facilidad… Vamos, que vivir sin un nombre legal o carecer de identidad oficial provoca la exclusión social y la imposibilidad de ejercer derechos fundamentales, y perder el nombre es perder el acceso a tu propio ser, pasando a convertirte en fantasma o espíritu. Un mal rollito impresionante

Aparte del planteamiento inicial (un escritor famoso lleva años recluído, y sólo se conecta con el mundo a través de su móvil y un secretario) y algunas escenas, los guionistas han hecho un destrozo en la historia original. En el webtoon, el protagonista lleva diez años desaparecido porque estafó dinero (muuuuuuucho dinero) a un gangster prestamista, y lo escondió en cuentas de empresas fantasmas. En la serie, es que el pobrecito tiene un trauma espantoso (una madre enferma mental que se suicidó llevándose por delante al padre), y ha desarrollado una claustrofobia de tres años que lo tiene todo el día encerrado y empastillado.

Tan desesperado está que sólo se le ocurre pedir ayuda al mismo gangster al que estafó el dinero. Le promete que va a recuperar la pasta, si si, ayúdame a pillar a la rata y retomar mi vida y te devolveré ese dinero que tantos sudores te costó ganar (por ejemplo, enterrando vivos a tus “créditos fallidos”). No-Ja (lo oiréis como Noya) es un tipo criminal, pero como buen gangster es sobre todo un hombre de negocios, así que apuesta por asociarse al desgraciado. Que está claro que un pardillo así no va a durar en la calle, y si todo va bien podrá volver a contar fajos de billetes

Con los capítulos, vamos averiguando los secretos del escritor, única manera de cazar a la rata, que va dejando miguitas, y enseguida intuímos que aquí hay mas que un simple robo de identidad: también se cocinó una venganza que ahora se sirve fría

El inspector de policía recibe un soplo sobre una fiambre que ha aparecido en el río, y acaba entrando en el lío, persiguiendo a uno, desconfiando del otro. El resto de polis no es que sean tontos, es que son unos simplones. A ver, si no es así el argumento no funciona, claro


La serie tiene puntos fuertes y puntos débiles. Como el repetir una y otra vez el asunto de los “cambiazos de identidad” entre criminales y sintechos, a los que despojan de sus papeles. Una pena que en la serie no den más interés a este asunto, que en el webtoon es una viga maestra. Los tests de ADN y demás pruebas forenses no existen mas que al final y casi de casualidad para liarla con el pariente lejano (o será que es gente que nunca ha tenido material donde contrastar). Como había que comprimir 95 episodios del material original en 10 capítulos, han hecho y deshecho, incluído un despeje total de las partes mas sórdidas de la historia (que ya lo es bastante, ojo), y han desplazado el “gatillo” original desde un asunto de envidias a un triángulo amoroso que psssssssss. Al menos han respetado la brutalidad y suciedad de la violencia original, pero aparte de eso han pasado bastante suavizante. Eso si, los detalles del cómo y porqué van esparcidos y con cuentagotas, o estás concentrado o no te enteras de nada. Al final no sabes quien es la víctima, quien el culpable (eso si, No-ja es sincero de principio a fin, sólo tiene una cara y es la que quiere conservar)

Lee Kyu Hyung es un poli con rasgos que evocan a un Asperger. Repartió balas contra los zombies y asomó la garrita en el cuento del de nueve colas. Pero el que arrasa y nos tiene absortos es Sul Kyung Gu, aquí el gangster No-ja: superviviente, duro, brutal… Mas gesticulador que el frío asesino jefe, igual de amoral que el “conseguidor”, bestiajo como el agente especial… Im-pezionante en todos los papeles. Solo con estos tres ya merece la pena disculpar los tropezones

El asunto de los desgraciados robados de su identidad, que en la serie pasa casi de puntillas, es bastante sangrante. En Corea del Sur es una imagen frecuente ver los campamentos de homeless instalados por todas partes. Tiendas y chamizos instalados en calles y jardines, cuasicadáveres amontonados en los pasillos del Metro como víctimas de una catástrofe… Son invisibles, son estorbos, son fantasmas que huelen y a veces montan follones cuando se pelean con sus voces… enfermedad mental, alcoholismo y/o drogas, aumento brutal del precio de la vivienda, deudas inasumibles, pérdida de empleos, simple mala suerte… El Gobierno presume de que, al contrario que en el resto del mundo, su número está disminuyendo. Los que todos los días bregan con ellos (desde ONGs varias a las iglesias cristianas) se parten de risa con estas afirmaciones. No es que no haya, es que no los ves. Para ayudarles ha habido muchas iniciativas, y el gobierno presume de programas, donde se realojan en cuchitriles (que por cierto están desapareciendo) y tienen acceso a comida, lavandería, asistencia social… Un problema, un problemón que nadie quiere o puede resolver, acabando siempre en parches mas o menos hipócritas. Las bandas organizadas saben perfectamente cómo explotar estos yacimientos de datos inermes: una opción es el phising, donde capturan los documentos de los infelices que aun luchan por encontrar un empleo. O como en este caso, robarles lo último que les hace personas. Total, nadie está contandolos, ni mirándolos, ni hablando con ellos…

