
Deadlock Dilemma (Dilema existencial: El ser humano frente a la IA): Venga, esta os la tengo dedicada como un macaron de esos que ofreces con bandejita de plata y mantelito en el café…

Pues hoy toca una serie mini, mini, porque solo tiene seis episodios y cada uno dura unos 14 minutos, o sea, que tu lo ves y piensas: ah vale, perfectos para ver en el bus mientras llego a mi curro o vuelvo a casa. Pues no, señores, esta serie no os deja entreteneros con la atención dispersa, porque la condenada es densa y llena de filosofía sobre nuestro propio mundo, y da mucha, muchísima cuerda a que os pongáis a meditar o mejor aún, a debatir en una reposada sobrecena en el patio después del postre. Que como os pongáis a verla en el bus os saltáis la parada y acabáis mirando con cara de búho esos nuevos barrios que no conocíais, y el conductor muerto de risa.

La serie está basada en un mundo dominado por la IA esa que tanto llena los medios de prensa y los blogs con vídeos generativos a cual mas delirante. Esa IA que en un meme nos recuerda que estamos quemando bosques enteros con la tecnología que iba a salvarlos porque ya no necesitaríamos papel (meme generado con IA, que paradoja), y que hace creer a cualquier zaforas que en realidad es un artista frustrado por meterle unas palabras claves y dejar que la máquina se lo curre (lo de los ayuntamientos usando los carteles generados con IA gratuita para anunciar ferias de ilustradores a los cuales expulsan del mercado es para nota). Bueno, que me disperso: He aquí cinco historias (porque la primera tiene dos partes) de trasunto psicológico-sci-fi acerca de los dilemas profundos y las crisis sociales-mentales que la humanidad puede encontrarse en la avasalladora era digital.

Pero no os penséis que son historias aburridas y pomposas exposiciones de horrores varios, que va. Todas ellas están armadas de un humor perverso y travieso como un espíritu burlón. Quizás la primera (la niña y el robot) es más sentimental (trabajándose el concepto “cute”, tierno) y la cuarta (la robot abusada) más apocalíptica, la tercera una rom-com sencilla… pero la quinta y la sexta son puro humor negro, con la última una crítica feroz a la infantilización y estupidización de los consumidores de productos audiovisuales, la ofrenda de soma (la droga legal y cuasiobligatoria que los ciudadanos del mundo feliz de Huxley consumían para ser cretinos felices)

Aparte de lo sustanciosos y llenos de matices guiones, el aspecto está muy bien cuidado, lleno de buen gusto y excelencia técnica. Los actores… nostanmal, se dejan ver, pero está claro que la industria china de CGI digital está exhibiendo músculo para poder venderse a otros mercados para ser los suministradores visuales de productoras de todo el mundo. O sea, tu haces tu peli de lo-que-sea, y yo te hago los escenarios virtuales, los “maquillajes” y “atrezzos” de los actores (y si hace falta, los actores tal cual), corrijo chapucillas del rodaje…

La que mas inmediata nos resulta es la última historia, con ese director obligado a convertir un drama histórico serio en una tontería para adolescentes pajilleras. Podemos pensar en cientos de historia de la vida real en las que se ha “suavizado” el relato para hacerlo mas accesible a un publico prejuzgado como medio lelo, con presiones de los patrocinadores que obligan a meter disparates sin cuento.
Y aquí enlazo con el nuevo modelo de producción que está arrasando en China y exporta con entusiasmo: las micronovelas microdramas. Los microdramas —en chino wei duan ju o duanju— son minitelenovelas pensadas y creadas para el móvil: episodios filmados en formato vertical de apenas un minuto, llenos de giros trepidantes y publicados en plataformas como Douyin o Kuaishou, o apps específicas Su lógica (¿) mezcla TikTok con la soap opera, “culebrones en esteroides” (yo diría “en anfetaminas”, porque van a toda velocidad, sus argumentos son delirantes y hay que ir subiendo el nivel de histeria como un cohete). Cada capítulo suele durar entre 60 y 90 segundos y algunos casos de hasta diez minutos, y un título completo reúne de 20 a 100 episodios. Se ruedan directamente en 9:16 (los ves en el móvil en vertical), con menos medios técnicos que un vídeo de adolescentes haciendo el tonto en el parque, llenos de trucos de edición para mantenerte enganchado minuto a minuto. Están pensados para la gente que los ve durante los largos trayectos en tren hacia o desde el trabajo, con sus audífonos clavados en los oídos y los ojos en la pantalla, aislados del resto de los viajeros. Cuestan poco de grabar y editar, se fabrican a toda velocidad… si a estas cutreproducciones -que algunos defienden como “campo de entrenamiento de los profesionales”- les quitas el elemento humano (guiones escritos por IA, actores digitales y escenarios CGI todos creados con IA a velocidades de vértigo, ediciones automáticas…) rebajando aún más los presupuestos, las productoras se lanzarán como pirañas a fabricar esas estupideces que algunos tiparracos defienden como “el progreso”. Mientras sus consumidores son cada vez mas consumidos en la tontería, cuidad vuestro cerebro con materiales mas sustanciosos

