
Remnats of Gold: Con el calor aplatanador que hemos sufrido aun en septiembre, no había mas energía que emplear, así que hemos dedicado las tardes de sombra y botijo a disfrutar una serie china fantasy que nos ha divertido mucho. Porque si, lo afirmamos desde el principio: esta serie ha sido una sorpresa, nadie le ha dado mucho bombo pero está muy bien. Acción, paisajes, personajes deslumbrantes… Que no necesitamos mas para quedarnos embobados.



Pues de la novela del escritor a la serie que tenemos aquí, apenas quedan cuatro palos: el mcguffin, los personajes tremebundos, el desierto y poco mas. De un espadachín aventurero a una mujer vengadora, menudo remake, lo han rehecho entero

La cosa es que si, que no, a todos les entra un delirio furioso que les hace ver en los demás a demonios y monstruos que les atacan, y claro, tienen que defenderse. Total, se matan entre ellos con entusiasmo. Y lo mismo les pasa a una escolta que había sido contratada por el diputado: toda la familia, que se dedicaba al negocio de la protección, sucumbe a la locura. La matanza es investigada por un probo funcionario, alférez imperial de séptimo grado superior (algo de lo cual está muy orgulloso), y aparece para colmo una señora que es la eterna enfermita con asombrosa resistencia, única superviviente de la matanza de la familia-escolta (y eso porque la habian casado con un tipo raro en otro condado), que busca respuestas y venganza; añadamos al supuesto mercader que exhuda testosterona y nos tiene intrigadisimos


Una colección de gente extraña, extraños entre sí, que está intentando decidir porqué quieren vivir y sobre todo evitar morir. La serie, no demasiado larga (para lo que suelen ser estos c-dramas) es mas bien un estudio humano disfrazado de caza del tesoro. Bien realizada, bien escrita, bien actuada… El oro es mas bien un test de la personalidad que no es que enloquezca a los personajes, es que les abre las puerta a los demonios que (todos) llevamos dentro, los desnuda de sus mentiras (las que cuentan, las que se cuentan), y eso da miedito. Es lo que tienen los desiertos, que no tienes donde esconderte. Hay quien lo etiqueta de obra maestra (a ver, un poco exagerao) y de “vandalismo emocional”, porque nos quita todo lo que de “bonito” tienen estas series. Cuanto mas te fijas, mas se descubren capas de sombras y verdades, los territorios moralmente grises. El diálogo y el comportamiento pueden resultar a veces extrañamente áspero y a veces absurdo, pero es que en la vida real son así: la gente toma malas decisiones, se tropieza hablando, deja cosas en suspenso, duda, divaga, suelta frases a destiempo, viaja a caballo o en camello… Mola hasta la banda sonora, una especie de cruce entre las obras de Enrio Morricone (sin silbidito) y el Khoomi, el canto diafónico gutural mogol

Casi podrían hacer otra serie sólo con la vida del escritor de la novela original. Gu Long es el pseudónimo de un señor nacido en Hong Kong en 1938, y que poco después se trasladó a Taiwan, donde sobrevivó escribiendo novelas a destajo para conseguir su cuenco de arroz. Llevaba como un volatinero de los platillos varias serializaciones, que se publicaron en muchos periódicos y revistas incluyendo United Daily News, China Times y Central Daily News. Aun así, sus errores e inconsistencias en las tramas no impidieron que se hiciera popular y pudiera, en los años 60 y 70, evolucionar e introducir complejos análisis psicológicos modernos, elementos literarios occidentales y exploraciones de los temas moralmente ambíguos. El momento central de la madurez de Gu Long llegó en 1980, cuando por una discusión entre egos acabó con el ataque de dos fans de un actor, que le hirieron de gravedad en la mano derecha, y si no es por sus amigos no la cuenta. Transfusiones contaminadas, hepatitis al canto, matrimonios fallidos, fracasos en sus inversiones, alcoholismo, decadencia orgánica y muerte por sangrado de varices esofágicas de origen cirrótico. Sus amigos metieron en el ataud 48 botellas de cognac XO. Si esto no es para hacer una peli…

Todo estas cosas ocurren en el Jianghu, en chino “ríos y lagos”, que en la cultura popular se refiere a un mundo social alternativo y clandestino, con magia a porrillo y donde el conocimiento de las artes marciales se extiende a habilidades heróicas y sobrenaturales, donde corretean espadachines, luchadores de artes marciales, proscritos y marginados, regido por un código de honor donde se valoran las promesas, la hermandad y la ayuda mutua (aunque ser decente no te garantiza que sobrevivas). Es el escenario principal de los géneros wuxia y xianxia (el wuxia se centra en artes marciales humanas y realistas, mientras que el xianxia incluye magia/taoísmo, mitología y la búsqueda de la inmortalidad).


