
Después de haber superado las sobredosis cuasiletales de torrijas, rosquillas, cocas, monas y demás dulces que zampamos entre el aire florido de la primavera (que ahem, este año ha sido un ventarrón tremendo) y el incienso de las cofradías, toma tambor hasta temblar el suelo, vengo aquí con un trío de violencia y traiciones. Porque los espías sin pegar tiros y sangrar pueden ser muy verídicos, pero tambien aburridos en la pantalla, y eso si que no. Aquí gastamos pólvora como si la pagara el rey (bueno, la paga el gobierno de turno con la mano izquierda de la oscuridad), y todo va en el lote.

Yaksha: Ruthless Operations (The Angel Without, The Devil Within , Yacha , Yaksha): empezamos con una de corte clásico, o sea, un tipo terrible que maneja a un grupo de subordinados leales hasta el final (un equipo de black-ops: unidades clandestinas de los servicios secretos encargadas de misiones de sabotaje, espionaje e interrogatorio en la sombra) y que, como su apodo, es un ser elemental que puede desencadenar la furia mas terrible y destructora sobre sus enemigos (o sea, los que le señala el gobierno o los que se le cruzan en el camino).

Están trabajando en Shenyang, China, dándose de tortas con los equipos de contraespionaje norcoreanos, y allá que aterriza un fiscal degradado al que han ordenado “inspeccionar” a estos elementos, que funcionan como un juggernaut llevándose por delante todo lo que haga falta.

Después de hacerle la novatada de turno, lo agregan (con reservas) a la operación para extraer a Moon Byung-uk, parte del Comité Central Norcoreano y su hija, que tienen información relevante acerca de los secretitos del mofletes de Pyongyang. La cosa, naturalmente, se tuerce por culpa del novato (desgraciaooooo) y los japoneses metiendo la manita en el jaleo: el equipo tiene que barrer, reorganizarse y plantearse nuevas estrategias.

Sólo con la lista de actores ya anima a ver que pasa: empezando por el jefe (Sul Kyung Gu, ondia lo vimos con la crisis de rehenes en el avión y los negocios de asesinatos), siguiendo con el equipo de la tipa dura (Lee El, acabamos de verla de madre poli trabajadora), el del rifle (Song Jae Rim, ay pobrete, se suicidó desesperado por el acoso de un fan japonés) y el caraniño (Jin Young, otro boyband muy bien reciclado). Con el señor fiscal venido a menos ni te cuento (Park Hae Soo, tu tambien con los del avión…). A veces tengo la impresión que ciertos combinados de actores acaban juntándose en las películas porque funcionan de maravilla, como estos dos coprotagonistas.

The point men (Bargaining, Negotiation , The Point Man): Y aquí también hay un equipo trabajando fuera de casa para sacar la papeleta. En este caso, estamos en Afganistán, el desastre es la negociación del rescate de unos rehenes capturados por los talibanes (esos enemigos de la Humanidad en su conjunto) y los encargados, un diplomático de altísimo nivel que intenta trabajar con el gobierno (pfffff, que manera de perder el tiempo), un agente en el terreno que está hasta el tupé del gobierno afgano, el gobierno coreano y los políticos y burócratas in extenso, y un intérprete/conseguidor/chófer que sobrevivió en los callejones de Afganistán y domina la situación y el idioma locales

Venga, que hay que manejar la negociación de una panda de sociópatas que reclaman la retirada de las tropas coreanas (pero si son 200, un puñao), la liberación de prisioneros de los suyos (de verdad, no puedo escribir lo que pienso porque me vienen los tipos de negro a preguntarme cositas) y un fajo de billetes.

Pues resulta que la película está basada en un hecho real: un grupo de 22 misioneros coreanos protestantes que no tuvieron mejor idea que irse en plena guerra a evangelizar a Afganistán, y un grupo talibán los secuestró en medio de ninguna parte. Si hubieran sido católicos, podríamos pensar que era un grupo buscando el martirio, o intentando montar un dispensario, o un punto de atención… pues nooooooo, estaba empeñados en pasearse por esos pasajes lunares sembrados de odio y dinamita cantando himnos y regando florecillas de la fe. Normal que mucha gente en casa (incluyendo el obispo y varios altos cargos de las iglesias coreanas) los pusiera de tontos para arriba y llegara a decir que eso de ceder ante los talibanes como se hizo (incluyendo un pago de 20 millones de dólares) era una solemne bajada de pantalones

La película, aunque tiene sus subidones de acción (a pesar de la promoción del tráiler y los posters), es mas una cuestión de las tensiones entre los dos coprotagonistas, ellos contra los talibanes y sobre todo contra los mamoneos de políticos y aprovechateguis. Porque, de verdad, al final repartirías bofetadas a izquierda y derecha, pónganse en fila, por un lado, los politiqueros y animalitos de despacho, y por el otro, los tontolhabas de los salmos que nos han metido en este berenjenal. No hay una catarsis de la epopeya de “hemos doblegado al vir… digoooooo derrotado el mal”, sino una serie de fracasos y chapuzas, en medio del caos y la histeria, con un final ambiguo (¿Hemos ganado? ¿Hemos perdido?) donde mayormente se salvan los muebles en el minuto de la basura y por un deus ex machina. O sea, la vida real mismamente

Solo con estos dos actores en un mano a mano ya merece la pena. El diplomático que no le importa humillarse con tal de sacar adelante la faena (Hwang Jung Min, lo suyo son las películas y los shows de tv) y el agente desesperado (Hyun Bin, si siiiiii mi norcoreano favoritoooooo aterriza en mi corazónnnnn). De eje de la balanza, el buscavidas que nos hace preguntarnos qué leñes pintaba un coreano en Afganistán, bueno, al menos es mas espabilado que el puñado de happyflowers misioneros (Kang Ki Young, cuan distinto del estirado abogado que trabajaba con la abogada autista). Extra: Fahim Fazli, actor afgano que ha currado en producciones indias, americanas, coreanas… vale, en papeles secundarios, pero oyes, ahí estaba asomando las barbas con su cara de cabreado, aquí de chiflado taliban, allá de bronco lo-que-sea

El rodaje se llevó a cabo en su mayor parte en Jordania, y justo se comieron con patatas (y kimchi) las restricciones de los primeros meses de pandemia: hubo problemas por las cuarentenas y en la adquisición de accesorios y efectos especiales, e incluso de alimentos. A la hora de reclutar un equipo de grabación local para captar los sonidos de Afganistán (como las conversaciones en un café, la oración o el bullicio del mercado) tampoco fue sencillo. Vaya, que por ser rigurosos y empeñarse en que se oyeran voces en farsi y no en árabe jordano, tuvieron que trabajar en secreto. Para que luego les vengan conque “los espectadores coreanos se sentirán incómodos con el tema”. Hala hombre, ayatola no me toques la pirola.

Humint: si las dos anteriores no tenían lugar para el romance, aquí es una fuerza poderosa que empuja a un agente de alto nivel norcoreano (vendido como un héroe por el aparato del partido del mofletes) a aparecer por Vladivostok con la excusa de buscar a un grupo de mujeres norcoreanas, y en realidad buscando el rastro de una exnovia a la que no ha podido olvidar. La moza, que trabaja como cantante y camarera en un restaurante (nor)coreano al final de la línea del Transiberiano, tambien atiende “fuera de horario” a los clientes internacionales que se envuelven en pieles para ir y venir en cochazos. Y encima, ha sido captada como informante de un espía surcoreano que tambien ha aparecido por allí siguiendo el rastro de la ruta de la droga que llega desde Pyongyang y acaba envenenando el sudeste asiático. El susodicho Director Cho vive con una enorme culpa por el fracaso en la protección de su anterior informante, la norcoreana que le dio la primera pista. A su jefe sólo le interesa el asunto de las drogas y la conexión entre los agentes norcoreanos y la mafia rusa, pero al agente le duele el alma ver lo que se avecina porque sí que ve a sus informantes (la parte con ojos de la Humint) como algo más que simples peones sacrificables

Ojo, , aqui como en la vida real, el principal productor de «bingdu« (“hielo”) es el Estado norcoreano: el ingrediente base [ácido fenilacético] se introduce de contrabando desde China y luego se vende a productores en Corea del Norte, que fabrican el ‘hielo». El régimen ha sido cómplice en la producción y distribución ilegal de metanfetamina durante más de una década, casi siempre organizada por el grupo «Room 39,» responsable de busca financiación para la familia gobernante.
Que al final todo converge: los traficantes de drogas, los traficantes de carne, los corruptos funcionarios norcoreanos, los aterrados trabajadores dominados por los anteriores… La cosa es que, después de una entrada a torta limpia (¿sabéis la pupa que hace una pistola usada como porra?), la primera parte es calmada y solo punteada de algún detallito para explicarnos lo psicópatas que son los mafiosos rusos, con sus abrigos horterísimos y su devoción por los brillitos. La cosa se complica y acaba con una batalla campal organizada como una sesión de matamarcianitos, con el supermalo pegando tiros y los dos agentes peleando juntos para salvar a la chica (las chicas). “Como todo el mundo está en el mismo equipo, quizás deberíamos levantar la bandera de la Unificación Coreana”. Pues estaría bien, oiga

Los actores, estupendos. Empezando por el Director Cho (Zo In Sung, ay que fantástico, esta vez menos jacarandoso que cuando pateaba Mogadishu, me encanta este larguirucho) y siguiendo por el agente especial (Park Jeong Min, que es cantante, letrista y compositor, escritor y exlibrero, y haría bien en cambiarse la foto de su perfil porque parece medio zombie, ondia si salía en la de la secta con el pelo teñido). La camarera “especial” no se lia con ninguno de los dos, vale, perdonad el spoiler pero es que no ha lugar el romance con el Gran Hermano jugando a las chekas con kimchi (Shin Sae Kyeong, a mi me gustó, aunque muchos comentarios por ahí la tachan de mala actriz, anda que no ha cambiado el cuento desde que era historiadora). Hay mas caras conocidas, ya veréis

En todos los casos, los agentes se comportan como la versión agresiva y asesina de los seres sobrenaturales de los cuales toma el apodo el personaje de la primera peli: Yaksha. Los yaksha son, en la mitología india y asociados al budismo, el jainismo y el hinduísmo, un tipo de generalmente benévolos, a veces traviesos, caprichosos, sexualmente rapaces o incluso letales espíritus de la naturaleza, custodios de tesoros ocultos en la tierra y las raíces de los árboles. Magos poderosos y cambiaformas, una de sus principales figuras es Kubera, que reina en el mítico reino himalayo de Alaka. Tambien son guardianes de santuarios y templos, como en Angkor Wat. Su equivalente femenino son las iaksi o yakshinis , de prominentes melones y a veces lánguido gesto apoyadas en el árbol al que están ligadas. Si los pillas en un buen día y te portas educadamente, te protegerán y bendecirán, pero como les hagas enfadar te harán todo el daño posible, te maldecirán y llegarán a matarte, que ojito, porque aunque hayas caído en desgracia con alguno de los mas «débiles», cualquiera de ellos es capaz de dejarte como su te hubieran pasado por la picadora de carne

