
No Way Out: the Roulette (Contrato Aberto de Assassinato No Way Out; Open Murder Contract; Public Murder Appeal; Public Murder Request): Venga vengaaaaaa energia y mala lecheeeeee, que empezamos a sufrir abstinencia de kimchinoir. Y para pasar el mono, una serie cortita y concentrada: las desventuras de un puñado de desgraciados a los que la Justicia oficial ha fallado y patalean para salir del pozo. Aquí el asunto básico es el juego de azar mortal que ha organizado un personaje misterioso que tiene un canal en Internet, luce una máscara con un dibujo de espirales y usa una ruleta de tres bandas para elegir a) un perverso a castigar b) el castigo a aplicar c) la recompensa que recibirá quien castigue al rifado gorrino. Esto es un contrato abierto, cualquiera puede participar en la caza, y el método elegido es válido siempre que consiga el objetivo (luego se especifica que no vale provocar lesiones o muerte de inocentes, afinen la puntería, señores). La carrera del forastero, pero a lo bestiajo.

Cada uno tiene sus propios motivos para participar. Unos, porque son o han sido víctimas de los perversos (sus propias familias, para empezar) y otros, porque necesitan el dinero. Ah, si, abundan los que cayeron en estafas y robos, y están a pelo de conejo de acabar en la puñetera rue durmiendo entre cartones o directamente muertos. En el juego del gato y el ratón entran también la policía intentando impedirlo, los propios perversos y los que sacan réditos del jaleo. Ganancias que pueden ser económicas (el killer que intenta cumplir el contrato, y nunca sabemos quien lo ha contratado) o estratégicas (la alcaldesa) o su imagen (el abogado del perverso).

Y tan irregular… como que lo ha encontrado en la casa de un sospechoso y, corriendo tras un testigo del robo, se ha desnucado al tropezar en unas escaleras. Pues ahora tiene que esconder el dinero, escurrir el bulto y proteger al que lleva la nueva diana en el pecho: un violador en serie y asesino que después de hacerse el buenecito en la cárcel y salir a los pocos años por “buena conducta”, se ha instalado en el barrio

No hay excusa para su comportamiento. Su familia ha sido la primera víctima, y sigue arrastrando el dolor y estigma. 20 billones de wones (11 millones de euros al cambio) es la recompensa que la ruleta ha elegido como recompensa a quien lo mate

“No hay héroes o villanos, solo gente fracasando estrepitosamente en comportarse decentemente” dicen algunos comentaristas. Eso será la mayoría, que hace lo que puede para sobrevivir, porque el asesino es pura podredumbre y maldad. Y el killer contratado, profesional, muy profesional. Ah, y la política, una pájara de cuidado miserable que no duda en usar víctimas y alboroto, negociar con asesinos o hacer el paripé ante la prensa con tal de rascar votos (que real, señores, que real, aquí y allá)

Visualmente está resuelta en calles grimosas (¿cuántas veces hemos visto ese edificio en el chaflán de la cuesta?) y habitaciones claustrofóbicas, un Seul roñoso que nos deja absortos. Las escenas de acción son brutalmente eficaces, nada de exquisitas coreografías que estilicen la violencia, que aquí van de maravilla.

Los buenos no se salvan, los malos se escurren (el asesino es sorprendentemente resistente, una fiera salvaje), y la ambigüedad moral está repartida por todas las escenas. Hay explosiones, hay mugre, hay desesperación y pasan muchas cosas.

Los actores funcionan fenomenal: Cho Jin-Woong (ha sido poli antes muchas veces, en cine y tv) poniendo cara de agobiado (por cierto, hace unos meses ha salido un escándalo acerca de “antecedentes de conducta juvenil por los que ya había sido sancionado legalmente”. Que el hombre ya se ha redimido, caramba). El antagonista lo borda, lo bordaaaaaa (Yoo Jae-Myung, andaaaa si salia en Manchukuo, y en Geumga Plaza… y montones más). El abogado está bien llevado por Kim Moo-Yul, versión coreana de Mark Wahlberg (tenebroso CEO contra los barrenderos, guerrero del amanecer, poli complicado con gansters). La alcaldesa reptiliana nos pne de los nervios entre otras cosas porque reconocemos a un buen puñado de tipos y tipas de la realidad (Yum Jung-Ah, ah, a esta mujer le gusta mandar a terrestres y alienígenas). El carnicero, cada vez que nos da pena por su miseria, consigue asquearnos (Lee Kwang-Soo, anda el pajero de la casa). Y ya cuando aparece Mr Smile nos subimos al respaldo del sofá de puritita emoción, que arte, que desmadre, que risión y que buen mozo entre tanto feo (Hsu Kuang Han -AKA: Greg Hsu-, actor y cantante taiwanes)


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