
Despues de una guerra, siempre quedan largos y sangrientos flecos. De odio, de venganza, de sufrimiento, de humillación… Incluso el lado vencedor arrastra tanta furia que la victoria sabe amarga. Es dífícil arrancar el motor necesario para convencer a un hombre (un ser humano) de lanzarse contra el enemigo (otro ser humano) y dispararle, herirle, matarle… Pero una vez superado el tabú a fuerza de deshumanizar al «otro» y superar el miedo a la propia muerte, a ver quien frena el tren sin palanca de las emociones. Que no se podía seguir hasta el exterminio de toda la población -aunque hubiera parte de la población americana (y los que habían sufridos los planes imperialistas japoneses cuando todo les iba de cara) que no les hubiera importado algo mas de matanza- y encima era un sabroso mercado a futuro, caramba, y una buena cabeza de buque para oponerse a los que ya avisaban de ser el próximo enemigo total, o sea los soviéticos… Cerca de Corea, ceca de las URSS, con la disputa de las Kuriles por medio… Pues habrá que echar pelillos a la mar, y Hollywood se encontró con un sabroso filón: los militares que habían establecido relaciones sentimentales con mujeres japonesas

Empezamos por dos clásicos que seguro todos vimos de chavales en la tele. Y nos gustaron porque su glaseado dulzón caía sobre una mente aun sin registro de esos pasajes de la Historia. Oh, y Marlon Brando haciendo de protagonista, que oyes… Nostamal… Primero la película de La Casa de Té de la Luna de Agosto; una comedia que intentaba convencer a los americanos que eso de las exóticas geishas no estaba mal, que es que no las habían entendido…Adaptada de una obra de Broadway, con Brando haciendo el gamberro disfrazado de simpático aborigen de Okinawa . Después de la Segunda Guerra Mundial, a un capitán (o sea, Glenn Ford) se le encomienda la misión de enseñar los beneficios de la democracia y el comercio en la ciudad de Okinawa, y termina aceptando que para una comunidad así es mas interesante levantar una casa de té y hacer como que adapta las novedades que copiar a ojos cerrados la american way of life. Yo esta me la dejaría para Navidades… La siguiente no, que Sayonara es un melodrama (que leñes, un dramón del quince) sobre los matrimonios mixtos, hecha un año después aprovechando la currada de Brando para asimilarse a la cultura japonesa. El final feliz fue impuesto por Brando, que no quería hacer un refrito de Madame Butterfly y acertó, oyes. Que si, que muy bonita, pero muy olvidada hoy en día

Escapada en Japón: Si quieres una postalica-guía de viajes, nada como sacar a los niños de aventura. Aqui dos nenes (uno japonés y otro americanos) se van a ver Japón y de paso nos enseñan lo bonito que es Japón y sus simpáticas costumbres blablabla… Si la pones ahora a los nenes, te tiran sus mangas ultraviolentos y extramorbosos a la cabeza. En algun rinconcito sale Clint Eastwood muy muy muyyyyyy jovencito. En cambio, cuando Humphrey Bogart sale haciendo de ex-coronel del Aire que retorna a Japón buscando el bar que daba nombre a la película (el Tokyo Joe de marras), sale en letras grandes en el cartel. Aquí la chicha la da un mercado negro y los movimientos insurgentes japoneses, esos que no aceptaban el final de la guerra. Casi es mas interesante que hubieran hecho una peli sobre el actor japonés Sessue Hayakawa. Hayakawa había estado en Francia, primero como actor y más tarde atrapado por la ocupación alemana, viviendo aparentemente como artista y vendiendo acuarelas. Tras unirse a la Resistencia francesa, ayudó a aviadores aliados durante la guerra. Cuando Santana Pictures —la productora de Humphrey Bogart— dio con él para ofrecerle un papel en Tokyo Joe, el consulado estadounidense investigó sus actividades bélicas antes de concederle el permiso de trabajo.

No todas las interacciones entre americanos y japoneses pasaron por el filtro romántico. Bueno, en el primer ejemplo, casi. Emperor es una película que parece mas bien un intento de justificar la benevolencia americana con el emperador Hiro Ito tras la firma de la rendición. O sea cómo una decisión diplomática que permitión suavizar el plan de McArthur de modernizar Japón era un acto moralmente justificado. Fo vale, fo mu bien, fo malegro. Con un Tommy Lee Jones tan intenso como sabe y un Matthew Fox intensito buscando a una antigua novia, no consiguen levantar un guión que a nosotros, francamente, nos resbala, porque una historia que podía ser fascinante por su trama política acaba arrastrada por una subtrama de cliché romántico.

Y aqui, para divertimento de los que saben apreciar las rarezas y sorpresas, una película que realmente ha sido mal entendida y peor valorada. Una pena, porque sigue siendo frescachona en su delirio cuasisurrealista. Cerdos y acorazados (que tambien podréis encontrar como Hogs and Warships o Pigs and Battleships) es una comedia delirante sobre cómo se organiza un ecosistema económico entre la flota americana anclada en Yokosuka y un grupo yakuza en los bajos fondos de la ciudad portuaria: los barcos venden al grupo mafioso las sobras de las cocinas y comedores (o mas bien, la gestión de residuos unta los bolsillos de un alto mando) y los yakuza crían orondos cerdos que revenden a los militares para sus cocinas. Un negocio redondo que para variar se descontrola por culpa del factor humano. El yakuza medio bobo, la novia prostituta, el jefe enfermo, la madre proxeneta, los marineros violentos y criminales, las familias pataleando en el lumpen intentando sacar algún beneficio de los americanos… Y todo ello, coronado con una apoteosis de gorrinos en avalancha. Si se les hubiera ocurrido algo parecido a los hermanos Cohen, estaríamos aplaudiendo con las orejas

La presencia de tropas estadounidenses en Japón tras la guerra comenzó con la ocupación aliada posterior a la Segunda Guerra Mundial (1945-1952), encabezada por el general Douglas MacArthur en calidad de Comandante Supremo de las Potencias Aliadas. Tras la rendición de Japón, tropas estadounidenses tomaron instalaciones militares y convirtieron zonas clave en puntos estratégicos de control y desmilitarización. El general MacArthur dirigió la ocupación, la cual se centró en desarmar a Japón, eliminar su potencial bélico, procesar a los criminales de guerra e implementar importantes reformas democráticas, económicas y sociales. Si, vaaaale, muy chachis todo en teoría…. Estados Unidos proporcionó más de 2.000 millones de dólares en ayuda alimentaria de emergencia, suministros médicos y asistencia financiera para ayudar a estabilizar la devastada economía japonesa. No os engañéis, que eso dejó pingües beneficios a los bolsillos americanos que se ocupaban de vender al gobierno lo que se enviaba. Otros trabajos incluyeron la actuación de los cuerpos de Ingenieros rehaciendo un país arrasado hasta los cimiento. La ocupación finalizó oficialmente con la entrada en vigor del Tratado de San Francisco en 1952; esta dió paso a una alianza de seguridad regida por el Tratado de Seguridad entre Estados Unidos y Japón y el Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA), lo que estableció bases militares estadounidenses permanentes en el país. El archipiélago de las Ryukyu (Okinawa) quedó bajo administración militar directa de Estados Unidos durante 27 años, hasta que fue devuelto a Japón en 1972. El Tratado de Seguridad (1960) formalizó la alianza militar entre ambos países, permitiendo la permanencia indefinida de fuerzas estadounidenses a cambio de la defensa de Japón. En la actualidad, aproximadamente 55.000 efectivos estadounidenses en servicio activo permanecen destacados en Japón bajo el mando de las Fuerzas de Estados Unidos en Japón

Alrededor del 70% al 75% de las bases e instalaciones militares de Estados Unidos en Japón siguen concentradas en la pequeña prefectura de Okinawa, lo que genera tensiones políticas y sociales locales debido al ruido, accidentes y fricciones con la población. La Base Aérea de Yokota en Tokio funciona como el Cuartel General del Ejército
