
Enfin, que aprovechando que tenemos mucho calor, pocas ganas de salir a la calle y la casa a oscuras para que no nos funda las neuronas funcionales el calor que entra por las ventanas, vamos a proponer un miniciclo de “cosas que pasan donde hay arena y gente dura”. Poned a mano la botella de agua helada o el te calentito, que los desiertos pueden ser infiernos helados

Béloye solntse pustyni (El Sol blanco del Desierto ): Una película rusa que puede presumir de celuloide vintage, mezcla de acción, comedia, música y drama, cóctel de arriesgados cuentos folclóricos y un western, muy famosa en su época, y que es muy conocida y apreciada en la cultura soviética y rusa desde entonces. Los cosmonautas la ven ritualmente antes de muchos lanzamientos espaciales. Lo cierto es que, aunque es del año 1970, sigue siendo divertida y muy entretenida, con pifias y anacronismos que resultan de lo mas cañero, porque en vez de sacarle punta, los que la disfrutamos jugamos al juego de los veinte errores. Los guionistas publicaron un libro homónimo y también se publicó un videojuego sobre el filme.

La película tiene lugar en Turkmenistán alrededor de 1920: Fiódor Sújov, soldado del Ejército Rojo, ha luchado durante la Guerra civil rusa durante muchos años. Tras ser hospitalizado y licenciado, durante el regreso a su hogar junto a su esposa (a la que cuenta sus aventuras y melancolías en sentidas cartas, y a la que vemos en imágenes oníricas como robusta campesina a la cual podemos imaginar llevando la vaca sobre la cabeza sin problemas), se ve atrapado en el desierto en medio de una pelea entre una unidad de caballería del Ejército Rojo y rebeldes basmachí.

En el camino, rescata a un turquestano llamado Saíd, el cual estaba enterrado en la arena hasta el cuello. Sújov termina custodiando el harén del caudillo basmach, Abdullah, cuando sus camaradas del ejército lo persiguen. La tarea resulta ser peor de lo imaginado, y entre los ataques de los basmachí y los ofrecimientos del harén (que lo ven como su nuevo marido, aunque este las insta a ser libres, dejar los burkas y abandonar la poligamia), Sújov debe lidiar con Vereshcháguin, un borracho antiguo oficial imperial ruso de aduanas que todavía cuida el puesto fronterizo comercial y el museo donde se cobijan.

Que así contado no parece mucha cosa, pero es que en el desarrollo el guión se sale, se saleeeeeee.


Urga (Urga — Territory of Love; Close to Eden): Esta vez, una coproducción franco-rusa que mas parece un copypaste de escenas de sabor exótico que una pieza formada. Si, tiene sus momentos… pero el hilo principal es una excusa (y muy tonta) para las estampitas de tipismo y raruneces. Que si, que la habrá dirigido un director tan premiado y reconocido como Nikita Serguéievich Mijalkov, pero se le ve a la legua que es un producto hecho y creado para epatar críticos en los festivales internacionales.

Un camionero ruso que cruza el desierto de Mongolia se duerme al volante y acaba teniendo un accidente en mitad de la nada. Es auxiliado por un pastor mogón que vive en una yurta en medio de la estepa, con su mujer y sus tres hijos, y que está mas caliente que la moto de un hippie porque esta se niega a dejarse bajar las calzas por su marido, preocupada por si se queda embarazada de su cuarto hijo (prohibido por el régimen político chino). El ruso y el mogol acaban haciendo buenas migas, y este se asombra, espanta y maravilla de la vida de su amigo (un documental etnológico total). La vida avanza entre sacrificios de ovejas (aviso, no para estómagos sensibles), parientes borrachos que aparecen constantemente subidos a caballo (ay, cómo me recordaba al borracho de Innisfree en El Hombre Tranquilo), sueños delirantes…

Por cierto, la urga a la que se refiere el título es el largo palo con lazo que unan los pastores para controlar a sus animales, y que plantan en mitad de la plana, planísima estepa de Manchuria para avisar de que en ese punto hay una pareja dedicada al saludable fornicio, así que mejor dar un rodeo y dejarlo tranquilos

Sanstorm: esta vez nos colamos en una serie china que es totalmente un noir, género que los chinos han actualizado y adaptado con gracia y salero. Tenemos una ficcticia ciudad industrial en decadencia (como Detroit, por ejemplo) en el condado tambien ficticio de Kulu, que antaño fue rico en explotaciones mineras y hoy en un desastre paupérrimo. Mucha gente con vidas miserables malvive, y en muchos casos lucha por escapar del agujero, aunque no siempre pueden. Gente ordinaria viviendo en los márgenes de la sociedad, las leyes y las normas, enredadas en trampas de odio y secretos. Cuando conseguimos entender sus motivaciones psicológicas (por muy primitivas que sean), nos damos cuenta de que sus caminos estaba marcados desde el principio.

Hace ocho años, un crimen hizo revuelo en la ciudad: aparece el cadáver de una mujer carbonizado en la caldera de carbón de una calefacción urbana. El asunto se cerró rápidamente, porque un desgraciado se presentó como autor del crimen, y desde entonces está metido en la cárcel. Ufffff, pero es que ahora se reabre el caso, y el criminal convicto no ha sido, y hay que empezar desde el principio




Esta serie igual es difícil de encontrar, pero os aseguro que merece la pena echarle un ojo. Con ese etalonaje casi monocromático -a veces en azules y grises, a veces en amarillo gorrino-, ese aspecto sucio (le habrán puesto el “filtro antigüedad”), arena y viento como una maldición que cae sobre el paisaje, las dichosas arenas movedizas… los actores funcionan estupendamente, y los personajes no veas, dan juego y cancha para expandir la exploración de la miseria.

Uno podría pensar que la explotación minera en estas zonas desérticas no tiene consecuencias, y que plantificar granjas de placas solares que llegan hasta el infinito es un buen recurso de aprovechamiento. Puesssss…. nope, las cosas no son tan sencillas. Las explotaciones mineras contaminan el suelo y los acuíferos, que poco a poco se escurren hasta los ríos mas grandes como el Río Amarillo, del cual dependen millones de personas. Y encima las tierras raras le dan poder y peso internacional a China. Que se fastidien los de esas tierras, total no son Han…

Para compensar, el gobierno chino emprendió el gran plan (con el que presume y saca pechito de palomo) de haber creado la «gran muralla verde» para combatir el avance del desierto. Pues esa idea parece que va a resultar como la de declarar la guerra a los gorriones, que fue un desastre. El agua cambia de ruta, deja secas unas regiones y lleva lluvias torrenciales a otras.

