
La tumba de las luciérnagas (Hotaru no Haka): Estos días ha salido la noticia de que el estudio de animación japonés Studio Ghibli ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026. Y como este es un blog de pellizcos de monja y puñetitas varias, quiero recordarles a los lectores que no sólo manda y hace maravillas el insigne Hayao Miyazaki (¡loor y gloria a un gran creador!), sino que tambien lo fundaron y hacen (hicieron) películas Isao Takahata y Toshio Suzuki. Así que quiero hoy sacar en la página una producción que hasta ahora no me había atrevido a comentar, y no por su baja calidad precisamente. El estupendo Isao ya habia hecho cositas buenas y rentables como las series de Heidi y Marco, y cuando se puso en marcha con su primera película con Studio Ghibli (y tercer largometraje del estudio), toooooodo el mundo esperaba algo suavecito y lleno de buen rollito. Ja. Pues no. El tipo tenía en mente algo que nos revolviera las tripas y nos alborotara la conciencia (si tienes de eso, que yo muchas veces dudo que sea algo universal). Porque ojo, que el 99% de los comentarios que hay sobre esta OBRA MAESTRA es que es maravillosa, que hay que verla una vez en la vida… pero no hay valor para verla dos veces, porque te hiere como el rayo cuando cae sobre la torre del Tarot (el otro 1% echan pestes porque exigían un happy end, y va a ser que no)

Hala, id rehidratándoos porque vais a reventaros a llorar. Leñes, pero si me suelto yo el grifo de los mocos sólo haciendo esta crítica… Dos hermanos quedan solitos durante el bombardeo de Kobe, en el escenario del Pacífico de la II Guerra Mundial. El hermano mayor, Seita, tiene 14 años, y la hermanita, Setsuko, 4. El padre de los niños desapareció durante algún momento de las batallas navales, y ahora es la madre la que va a fallecer debido a las heridas sufridas (no, el refugio antiaéreo no fue una buena idea).

Acusados de parásitos, Seita huye llevándose a la hermanita (a la que sospecha van a machacar en la casa como huérfana abandonada… igual hasta la vende, no sería la primera…). Se instalan en un refugio antiaéreo abandonado en el campo, y van rascando aquí y allá para llenar sus barrigas desnutridas (cada vez que sale la lata de los caramelos, yo y medio mundo sacamos los pañuelos, que digo, la toalla). Sin ayudas, sin medios para aguantar, cada vez están peor. Lo de los “generosos corazones de los granjeros” es un bulo que debieron pintar en las latas del Gigante Verde ese de las estanterías.

Y al final… no os lo digo, pero aviso, acaba mal. Cuando se enciendan la luces, podéis recoger el alma del suelo y pasar la fregona. A pesar de la reacción emocional del público, Takahata expresó que el propósito de la película no era ser una tragedia o hacer llorar a la gente. Jope, pues para no querer que lloremos… “La película centra su atención casi por completo en las tragedias personales que genera la guerra, en lugar de intentar glorificarla como una lucha heroica entre naciones rivales. Destaca que la guerra es el fracaso de la sociedad a la hora de cumplir con su deber más importante: proteger a su propio pueblo”. Incluso llega a afirmar que ni la tía es tan villana, ni Seita acierta con sus decisiones, que tenia que haber aguantado en casa de la mujer. A ver, hombre, que tiene 14 años, acaba de quedarse huérfano y hace lo que puede…que si “nacionalista”, que si “egoísta”… pues los adultos no es que hagan su papel protector precisamente. Distintos públicos han interpretado la película de forma diferente debido a las diferencias culturales. Por ejemplo, cuando la película fue vista por un público japonés, la decisión de Seita de no volver con su tía fue vista como una decisión comprensible, porque se entendía que Seita había sido educado para valorar el orgullo por sí mismo y por su país. Por el contrario, el público estadounidense y australiano eran más propensos a percibir la decisión como imprudente. Yo añadiría: porque a los occidentales les parece inverosímil que unos adultos no protejan a unos niños, pero los orientales saben muy bien que la mortalidad en niños “recogidos” en casas de parientes era terrorífica

El hambre, el hambre… he encontrado un hilo de historiadores, el que quiera enterarse de los entresijos puede seguirlo aquí. Tambien hay aquí menciones sobre la Operación Hambruna (quizás no hacía falta tirar las bombas…). Yo voy a ponerme un té y chorrete de colirio en los ojos. Por los niños japoneses y todos los que ahora mismo están sufriendo, convirtiéndose en luciérnagas antes de tiempo por los pecados y crímenes de los adultos (¿hubieran tenido un final distinto los hermanos si Japón hubiera ganado la guerra? No lo creo. Los niños, en estos horrores, ganen o pierdan los ejércitos, son prescindibles)

