
Ōoku: The Inner Chambers: Venga, rapiditos que yo tengo que oficiar una paella. Esta vez empezamos por el anime y comentaremos orígenes y derivados. Vamos a dedicarnos durante esta entrada a soliviantar a la mitad de la población, que nunca está mal crear debate. Esta vez, con una producción de Historia Alternativa que se plantea que pasaría si las mujeres tomasen el mando. Para ello, nos situamos en el periodo Edo en Japón (1601-1868), cuando el país estaba gobernado con puño de hierro por el shogunato Tokugawa, ante el cual el Emperador se plegaba con mas o menos rebeldía. El periodo se considera un tiempo pacífico (sobre todo, viniendo de donde venía, el Periodo Sengoku) con urbanización, crecimiento económico, estricto orden social, aislamiento del exterior, florecimiento de las artes y las técnicas… vale, muy nipononfalocéntrico (eso, que los japoneses se quedaban absortos mirándose el ombligo). Pero en esta historia paralela, una extraña plaga está arrasando el país, porque los portadores del cromosoma Y (se identifiquen como se identifiquen) caen como moscas. Así que las mujeres deben asumir los trabajos y roles masculinos si o si. Desde el primer estallido hace 80 años, la estructura se ha vuelto matriarcal, o mejor dicho, las mujeres se han “transmutado” en hombres y han rellenado los huecos. Lo cual, en una sociedad tan brutalmente machista como la japonesa (incluso ahora) es un terremoto. Hasta han tenido que colocar mujeres en el puesto de Shogun, aunque se “disfracen” de hombres (un poco como Hapsesut en el Antiguo Egipto, que su título era Faraón -sin feminizar- y hasta portaba una falsa barba). Los hombres, vistos ahora como portadores de vida, son un bien preciado, y los más apuestos son enviados a servir en los aposentos privados de la Shogun.

Lo dicho, este anime se narra desde la perspectiva de Tokugawa Yoshimune, la octava gobernante del shogunato Tokugawa, que está investigando que demonios pasó con la susodicha plaga y porqué en su tiempo están como están. Aunque el shogun sea una mujer, su misión no es mandar sino fabricar niños, a ver si va pasando el susto, y mandar, manda muy poco. Nada que ver con las gobernanzas de los personajes históricos originales, como Tokugawa Iemitsu.

Los que cortan el bacalao son los consejeros (o consejeras), ministros (o ministras), y al shogun femenino le rodean de un harén de caballeretes guapetones que funciona a modo de parada de sementales en el Ōoku, privilegio de un shogunato poderoso, capaz de mantener aburridos y bien cuidados a los numerosos (¡3000 bellos hombres!) e improductivos zánganos (al menos, los zánganos de abeja tienen un importante papel en la colmena como reguladores de temperatura y cohexionadores de población). Evidentemente, la shogun no es siempre una mansa cordera, y las relaciones en el harén masculino son complicadísimas.

Todo se enreda en luchas de poder, frustraciones, violencia dentro y fuera del castillo (las violaciones contra hombres y mujeres están a la orden del día, no son ni noticia)… Lo de mantener como “rehenes” a los mozos (reducidos a ejemplares polla/empujador) incluye tambien usarlos como piezas de Go o Shogi en las políticas familiares . Decididamente, no es un anime para niños o espectadores que rechacen estos temas, porque es dura de narices

Ya hablamos de los serrallos de la época feudal en otra entrada, a la que os remito para que pilléis un poco el asunto original. Evidentemente, mantener un criadero de herederos mas o menos negociables de un shogun (no es lo mismo que venga de una esposa principal que de una concubina de ínfimo rango) es más fácil, y niños y niñas se colocaban como premio a militares y ricachones, garantía de alianza con clanes poderosos o incluso se enviaban al extranjero para sellar pactos. Como la situación es mucho mas complicada en esta historia (no es lo mismo un caliqueño que un embarazo con parto y postparto), evidentemente los harenes no están llenos de niños que mantengan animados a los hombres (que encima, igual de pronto pillan la plaga y la palman), y los problemas, aunque igual de sangrientos, se desvían por otros derroteros.

Sólo la política de aislamiento justifica que no aparezcan «ejemplares importados» que, aunque diluyeran el pool genético (aumentando la población Hafu, con un progenitor no japonés), asegurarían el suministro (oye, que igual hasta conseguía volver resistentes a los hombres ante la plaga, por la ruptura de la evidente homogeneidad y reducción de variedad genómica, producida por la endogamia que ataca a la etnia Yamato). A los Ainu y Okinawenses, evidentes candidatos al refresco, ni se les menciona. Ahem… (eppps, acabo de ver una portada del manga donde sale un caballero rubio de ojos azules…joer, me veo tragándome los 19 tomos…)

Que me voy que me reclama la paella
