
Good Job: Después de los posts tremebundos, hacía falta algo ligero y desengrasante, si, si. Un buñuelo dulce y de poco peso en el estómago. Ni para tortillitas francesas estábamos. Oh, que mono, un soufflé, así como atractivo para el ojo, suave para el diente y con una inaniedad que es casi su mejor activo.

Pues así es esta serie, doce capítulos que se pasan volando y que no hace falta que estés muy atento, porque vale, tampoco es que los guiones sean originales, ni los motivos de los malos muy intrincados. Os lo he avisado desde el título del post, este es un Bruce Wayne con kimchi y arroz cocido (ni siquiera soju). La idea básica es la misma: un millonario que perdió a sus padres en misteriosas circunstancias y que combate el Mal junto con su equipo. Hala, un poco más y la acusación de plagio se escribe por si solita.

El millonario justiciero (eso si, mas animado, saleroso y y aficionado a disfrazarse que el americano, ) tiene en su nómina, en vez de un mayordomo inglés, un abogado-hacker que compite haciendo chistes y chorraditas; como contraparte femenina, en vez de una gata chiflada, han puesto una curranta con vista de águila que disimula llevando gafas y sobrevive como puede trabajando de lo que sea, a la que ficha en calidad de secretaria y ayudante en sus misiones. Evidentemente, empiezan chocando como carneros y acaban besuqueándose como adolescentes recalentados. Os lo dije, no es original. Colaboradores necesarios son la amiga panadera, el poli abrumado y el pobre e infeliz secretario que no se entera

Al final, claro, pillan al malo, castigan a los indignos, encuentran las respuestas y se casan (lo de las perdices ya no se si entró en el menú de bodas). Aunque parece que en el episodio 11 se dieron de repente cuenta de que upssss nosquedaunopararematarelcontrato… y se sacaron de la manga un pseudoepílogo empalagoso que da grima.

La cabecera de cada episodio ya deja clarito qué estilo tiene la producción: Aires de manga (perdón mawhua), a pesar de que no es la adaptación de un comic o un webtoon. Colorín total, brocha gorda en los gags, despiporres del guión para animar el asunto, se sacan montones de cosas de la manga… Técnicamente muy correcta, claro, como buena producción coreana.

La interpretación no es demasiado brillante, justita para salir del paso, y los actores dejan que se vean los personajes-teleñeco. Jung Il Woo, que sobre todo ha trabajado en shows televisivos (aunque alguna cosa ha hecho, como principito justiciero), aquí reparte estopa y hace el tonto mano a mano con Eum Moon-Suk, que ayer asaltaba oleoductos y picoteaba en algunas series y películas entre canción y canción (es que el chico es cantante… y licenciado en Ciencias, tócate la nariz). Como Kwon Yu Ri, (que encima compone y es modelo), que hace k-dramas entre disco y disco.

Lo que más llama la atención (¡una que es golosa!) es esa panadería en los bajos del edificio al lado del despacho del abogado, que llena las estanterías con masas horneadas a cual mas llamativa. Uy, va a ser que en Corea están cambiando el omnipresente arroz blanco en la mesa por el mundo de los panes y los bollos. Lo introdujeron los misioneros portugueses a finales del siglo XIX, y de hecho actualmente los coreanos se refieren al mismo como “pan” (de la palabra portuguesa «pão”. O sea, que si vais por allí hambre no pasaréis preguntando donde o que comer. El primer bizcocho que se popularizó fue el Seolgo, parecido al bizcocho de llana, y le siguieron montones de variantes hasta llegar a los 300 productos que ofrecen habitualmente los obradores: Uyu Sikppang (우유식빵, «pan de leche» Gyeran-ppang (계란빵; «pan de huevo«), bollos de Soboro (소보로빵), Bungeo-ppang (붕어빵; «pan de carpa«), Gukhwa-ppang (국화빵; «pan de crisantemo«), Hwangnam-Ppang (황남빵), panecillos rellenos de cremas diversas dulces y saladas, panes tipo francés… y todos los mestizajes entre ambas escuelas, con un apetito por los panes esponjosos y precortados ideales para sandwich que despegó en los años 60.

El problema es que los coreanos no sólo consumen cada día más pan blanco (ya poco saludable de por si), sino que lo emplean para hacer bocadillos llenos de colesterol y grasas saturadas, productos procesados con sal a mansalva, porquerías a tope… y ufffffff el mundo de la bollería industrial y semiindustrial, esas cosas supuestamente comestibles envueltas en celofán que se convierten en pesadillas para los médicos. Y encima muchas de las comidas del día a día de los coreanos (y según animes y mangas, también los japoneses) acaban siendo sustituídas por esos bollos, rellenos o no, sin la mísera excusa de una hojita de lechuga siquiera. Eso que en teoría están obsesionados con el pan francés y hasta han quitado la corona a los reyes de la baguette en campeonatos


Al final el croissant se lleva el gato al agua, que luego lo combinan con chorizo o longaniza ya es otra cosa pero que no se diga que no está para comérselo , y la serie me importa un pepino salvo por lo del croissant , para entretener vale pero solo un ratito
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