Tu me (la) levantas

You Raise Me Up (Tú me elevas): Está claro que, en un blog sicalíptico y chocarrero como el presente, había que comentar este k-drama, sí o sí. Aunque hubiera sido la birria patatera más cutre de Kimchiwood. Comedia “para adultos” basada en la sexualidad y sus desastres, con el foco puesto en la importancia para los hombres de la buena disposición de sus apéndices hidráulicos. Asunto que no es baladí para los que lo sufren y que también afecta a sus parejas sexuales. Ya lo contaba Javier Marías en un artículo medio en broma, medio en serio, quejándose de la inconveniencia de un miembro que reacciona de la manera más caprichosa e inconveniente, alzándose desafiante en situaciones que requerían modestia o permaneciendo fláccido en esos momentos en que un hombre se la juega en las batallas de campos de almohadas. Por mucho que intentemos razonar la rebeldía del pingajillo, que si es cosa de las hormonas, que si el inconsciente… ahí queda el momento de embarazo y turbación por una cosa o la contraria. El infeliz queda etiquetado de sátiro o se pone en duda su hombría, e incluso la sospecha se extiende como una mancha de aceite sobre la propia calidad de la parte contratante, que si no me quiere, que si algo quiere…Aunque raro, rarísimo, puede darse el caso de una difalia, y entonces el asunto se multiplica por dos, porque se duplican los quintacolumnistas. O puede que no haya nada a lo que dirigirse, la afalia dichosa. Hipospadias, epispadias, penes retroescrotales, micropenes… la teratologia y su humor negro

Sólo le falta un cartel en la cabeza que diga PRINGAO

En este k-drama, al protagonista le ha tocado el desastre de la blandura inadecuada. El eterno opositor fracasado (Yoon Shi Yoon, que transmite muy bien los conflictos de su personaje y se nos hace simpático) no consigue salir del pozo en cuyas paredes resbala una y otra vez. Vive en un apartamento miserable, sobrevive con trabajos miserables, su madre lo aprieta, su ex le mandó a la porra por desgraciado y encima, para colmo de males, la única alegría que le quedaba, que era ponerse videos porno y pajearse como un mono delante de la pantalla, se esfuma. Cuelga el pobre pellejo sin mas función que la de regar las macetas, indiferente al reclamo y los masajes de su portador. Que no, que no hay manera… Asustado y desesperado, el pobre infeliz reúne el valor suficiente (y ojo, que es una hazaña en alguien tan acocotado) para intentar buscar una solución, al menos que le dejen el escape de la caja de pañuelos y las escurridas de endorfinas. A la clínica que va, rebañando la cartera, que no es que pueda disponer fácilmente de dinero, pero Paris bien vale una misa y Seúl bien vale una gayola. Revisión completa, no sea que tenga algo patológico cuyo primer síntoma sea el aflojamiento, y cuando toca bajarse los calzoncillos y poner el culillo en pompa…

¡Ay sorpresa! La dama que le explora la próstata es su primer amor, la chica de la cual fue cruelmente separado en el instituto y tras lo cual empezó la crisis personal del caballero.

Aquí ya es el colmo de las humillaciones: el varón de pudores (que no de dolores) huye despavorido, y se quiere morir de una vez ya. Menos mal que la uróloga, tan asombrada como el de volver a encontrárselo en tan desairada situación, en vez de sacudirse el recuerdo lo busca y evita que haga un disparate, comprometiéndose a ayudarle no por los recuerdos o la deuda con el adquirida, sino porque el juramento hipocrático le obliga a luchar por sus pacientes.

Juramento que el psiquiatra al que le deriva por constatar que todo tiene un origen mental ha debido olvidar, porque menudo mal bicho. Maltrata a su paciente con ganas, que solo le falta darle la caja de pastillas y mandarlo a suicidarse a su casa

Pero vamos a ver, que el protagonista lo lleva escrito en la cara y por todo el cuerpo; que esa cara inflada y apática, esa mirada desenfocada, esos andares arrastrando los pies, ese cuerpo que se encorva y apenas se mueve para ir de un sitio a otro, esa falta de energía… DEPRESION GRAVE. Pues claro que ahí no se levanta nada, ni por asomo. Lo asombroso es que haya reunido la entereza y la fuerza suficiente para arrastrarse a la clínica y ponerse en manos de la uróloga y del psiquiatra sádico, que encima parece que se ha sacado el título en una tómbola…

Cómo se le ocurre retirarle sin mas su estrategia de defensa (coping mechanism), ese color rosa que le alivia la tensión y la ansiedad, y que le permite sobrevivir a base de crearse un entorno relajante… p’haberse matao, caray…

El resto de la miniserie es el desarrollo de cómo el mozo va superando sus problemas y acaba, claro está, con final feliz. Nuestro deprimido protagonista deja de serlo (deprimido, porque protagonista lo es, de su propia vida), y al espantar al perro negro resulta ser un pocholo, con sus mofletes y su sonrisa, que dan ganas de achucharlo. Es una comedia con moraleja, no puede dejar la historia con un borrón negro en el suelo. Es posible (¡es imperioso!) escapar de la rat race (la carrera de ratas) de una sociedad donde el éxito se mide en “cuánto cobras” y no en “cuanta felicidad tienes”, saber de donde vienes para apreciar a donde has llegado, y disfrutar de lo que haces. Además de dejar de amargar al prójimo, caramba, ya vale de perseguirlo con prejuicios que como te descuides acaban en linchamiento.

Con la música de fondo de la canción principal, nuestro protagonista se enfrenta a sus terrores, a ese vecindario que disfruta su ración de morbo, y reivindica su derecho a hacer las cosas a su manera sin hacer daño a nadie. Una escena de lucimiento del actor. La actriz, Hani, tambien ha funcionado en el drama, aunque no tenga escenas con tanto lucimiento

Que sabe nadie de la vida de cada cual, y cuantas batallas ha librado y cuantas cicatrices esconde bajo la camisa rosa. Ah, y no olvidemos la educación pública de los espectadores: las causas de la impotencia pueden ser no solo biológicas y avisar de graves problemas subyacentes (diabetes, cardiopatías…) sino que un gran porcentaje depende de factores psicológicos que no por ello son menos peligrosos. Encima, la depresión y la impotencia se retroalimentan en un círculo vicioso, así que la solución del psiquiatra maligno (echarse novia nueva para volver a excitarse) es una medida contraproducente, porque la depresión espanta a las candidatas, el interfecto no tiene energías para cortejar y seducir, y cuantos más fracasos acumula, más se deprime y peor se encuentra. La “venganza” del paciente fláccido es emparejarse con su ex, con la cual vuelve a reír (y practicar el salto del tigre a calzón quitado)

Y encima, presenta un personaje secundario (el amigo del protagonista) como transexual encantador y saleroso, esa “Jennifer”/Kim Byung Jang que es la única persona que hasta ahora lo ha apoyado y consolado.

A las damas que ven estas tragicomedias el asunto les da risa, claro. Porque el placer y sobre todo el impulso sexual siempre se ha visto en la mujer como un asunto accesorio, cuando no directamente peligroso. El miedo a la infidelidad de las mujeres abandonadas o descuidadas nos ha encerrado en harenes, tapado con burkas y en casos extremos, infibulado sin pensar un momento en las consecuencias. Un hombre buscando donde meterla es algo “natural y sanote”, pero una mujer buscando quien se la meta es el horror, el horror…como mucho, se admitirá que el hombre procure placer a la mujer, todo sea por perpetuar la especie (en algunas culturas se asegura que el orgasmo en la mujer durante el coito es garantía de dejarla preñada) o al menos tenerla contenta, que no dé mucha guerra. Pero una mujer que busca activamente la satisfacción con una pareja masculina (que sea autocomplaciente o con otra mujer es inofensivo, las interfectas no pueden incubar cucos) a duras penas se admite con el marido, porque eso podría dar lugar a la apetencia por nuevos pastos verdes al otro lado de la cerca (ayyyyy esa inseguridad fundacional del macho rampante). Complementado con la consigna antropológica de “tu, donde puedas, coloca tu material genético y sal pitando”, da como una de sus conclusiones la evidencia de que un hombre que se considere como tal debe ser capaz de presentar siempre armas en perfecto estado. Este mandamiento universal (no conozco cultura que no insista en ello) ha generado que actualmente muchos hombres de toda condición y edad consideren que prefieren sufrir un cáncer en estados iniciales, un herpes zoster o una otitis crónica a quedarse con la humillación de la impotencia. Pues que bien… y esto en una sociedad como la coreana, en la cual se considera que hay un 11,4% de varones que sufren problemas de erección mas o menos permanentes (nada de gatillazos, directamente “esto no hay quien lo resucite”) y sólo el 2% piden ayuda médica para arreglarlo. (37% de las mujeres relatan falta de apetito sexual… uffffff… mal rollito…)

Esta vez en la foto queremos ver ese bar de tipo pub inglés que antes ha hecho de fondo difuso de los personajes y hems atisbado en los planos medios y cortos. La doble fuente de luz (azulada en la luz de la calle a través de las ventanas, cálida y dorada en el interior) es un desafío al etalonador. Si nos pasamos de la raya, puede que los personajes acaben con extrañas manchas amarillas en la cara (que ya lo he visto yo en otras series con peor departamento técnico de color grading). Una focal larga deja bien enfocados todos los planos medios y lejanos (bueno, no es que en interiores puedas hablar de «planos alejados» como en exteriores de tipo paisaje…). Las líneas rectas horizontales y verticales que se dibujan por todo el plano acaban encajando al personaje, que por su mala praxis se ha quedado solo y aislado, con el contraluz del foco el fondo para siluetearlo y con el único rectángulo de fondo claro que se puede ver, para poder destacarlo con su traje oscuro y su pelo negro

Extra: una preciosa versión de la canción

Publicado por directoraymas

Apasionada por la fotografía. Mas de 40 años viendo cine de todo tipo y últimamente decidida a hacer sus incursiones en el asunto. Viajera siempre que puede, pudo y podrá. En la mesa lo mismo puede haber una tortilla de patatas que un wok de verduras o una selección de mezzes... Con semejantes antecedentes, solo podía organizar un blog ecléctico entre la curiosidad y el desparpajo

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2 comentarios

  1. Tema tabú….ta buena la colica para que la mangoneen de mala manera, dejarla que se desarrolle como a ella le guste y mejor con mimitos, ¿ a quien no le gustan los mimitos y las caricias? Eso, si, como detector de fallos es infalible casi patognomonica , un buen termómetro de la vida personal y social, hay que vigilarla pero a su aire sino se estresa.

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