
Superboys of Malegaon (Los superhéroes de Malegaon): A veces hay películas que, hechas a miles de kilómetros, en sociedades y circunstancias muy distintas de las nuestras, te meten el dedo en el corazón y escarban para recordarte que, como decía Terencio el romano, «Homo sum, humani nihil a me alienum puto«. Pues si, oigan, seguramente tengo mucho mas en común con estos soñadores cinéfilos indios de nulos recursos que con las élites de hinteleztuales en casoplones, puritanos onfalocéntricos y demás plagas del mundo moderno que se nos ofrecen como modelos. Para empezar, porque amamos el cine, no ya como espectáculo de tonterías infantiloides y delirios de industriales endrogaos (echad un ojo a La Franquicia y El Estudio, y lo entenderéis), sino como evasión, creación y diversión, tanto al verlo como al crearlo. Que de eso va esta película: de hacer un cine de cuatro perras de la gente corriente, con gente corriente, para la gente corriente, para toda la familia, para ver con vecinos y amigos, y más ilusión que un niño chico en la noche de Reyes.

Allí solo hay polvo, pobreza y pesadez: la única válvula de escape es el ratito que los suertudos tienen al acudir al único cine abierto. Aunque en la calle haya tensión social, sentado en la oscuridad todos son iguales. Sin presupuesto, tirando de favores y con mucha imaginación, Shaikh convirtió a sus colegas en cineastas, y a su pueblo en una fábrica de sueños

La película se localiza en 1997, y sigue a Shaikh y sus amigos en su epopeya de buscarse la vida haciendo películas. La familia del realizador aficionado tiene un cine (o lo que se llama cine en la India: una pequeña nave con una taquilla en la puerta y dentro una pantalla (sábana) donde la gente entra a ver lo-que-sea.

El mozo se divierte montando con guasa escenas de películas clásicas y modernas a base de cintas de VHS y grabadoras: claro, el se saca algo para el bolsillo echando una mano como cámara en la BBC (o sea, Bodas, Bautizos y Comu… Bodas, Bautismos y Compromisos, la especialidad de los pequeños negocios dedicados a la imagen). Pues si tengo una cámara, tengo posibilidad de hacer montajes y un puñado de tropa guripa para ayudarme, y la policía me quiere cerrar el garito por nosequé tontería de los derechos de autor, me hago mi propia peli y que les den a todos.

Encima voy a contar cosas de mi ciudad, de mis paisanos, que nunca salen en pantalla. Voy a pedir ayudas (no económicas, claro, aqui nadie abre el puño) a todo quisque, que puedan figurar como patrocinadores. Y vamos a hacer una peli.

A trancas y barrancas la estrenan en el cine familiar. Lo peta, totalmente. La gente va a verla una y otra vez, encontrando cada vez mas diversión en reconocer a los implicados (que son familiares y amigos), y los que han ofrecido esponsorización (el catering de fideos, por ejemplo) están encantadísimos. Enseguida, les llueven ofertas y peticiones para seguir la saga, y ahí empieza el drama: unos quieren seguir con la máquina de hacer billetes, para otros es injusto que no hayan cobrado nada cuando actuaron en la película, el director quiere hacer “cine serio”… el grupo se dispersa (ah, el vil dinero como germen de discordia…) y cada uno tira por su lado. Enfadados y enfurruñados, hala.

No, es un cancer de pulmón como un camión, y se lo va a llevar por delante. Cuando se enteran, la pandilla hace piña para hacer realidad el sueño del amigo de ser una estrella en la pantalla. Dejan aparte sus conflictos y todos a una, rascándose el bolsillo para hacer volar al supermán de Malegaon por los tejados de la ciudad


Esta fábula sobre la amistad masculina (en una sociedad como la India, y más en aquellos años, las mujeres actúan en la retaguardia, aunque su acción es decisiva) quizás parezca poco sofisticada para nuestros finos morritos, pero está filmada con cariño y buen tino. Sólo me chirría esa morcilla metida con calzador en la BSO, una canción en español que tengo la impresión de que no la puso la directora originalmente, sino que es un “aporte” de los traductores españoles o sudamericanos. Pse, ya puestos a poner algo de ese estilo, hubiera preferido algo de por allí, entre otras cosas porque el resto de la música elegida tiene una unidad estilística que aquí se rompe completamente. Igual fue una pista colocada provisionalmente en la mesa de edición y se les pasó al hacer el definitivo, a saber… Hala, olvidaos del cuezo y si estáis jugando con el mundo del cine a zero budget (cortos, pelis y documentales sin un duro) dejaos que os llene el corazón de alegría

Que no me extraña que por esos lugares la gente se lance en masa a ocupar las sillas de los cines de barrio para huir de sus problemas. Malegaon parece en la película un sencillo poblachón lleno de moscas, pero lo cierto es que es una ciudad grandecita que en su momento fue llamada “el Manchester de la India” por su poderosa industria textil, y hace tiempo que está condenada por una decadencia que agrava los conflictos sociales. La violencia comunitaria ha fulgurado en incidentes como el atentado de 2006 en el cementerio de una mezquita (45 muertos, 125 heridos, y a estas alturas todavía no está clara la autoría), otro atentado mas de las movidas entre musulmanes e hindúes en la zona (el resto de adscripciones religiosas están viendo pasar las balas sobre su cabeza, y a veces directamente son incluídas en el plan del atentado). Porque menudo carrerón lleva la India en eso de comerse con patatas atentados en principio lanzados desde Pakistán o la propia comunidad musulmana: en Julio del mismo año, ya se produjo el Atentado de Bombay , que fue devastador (por eso hay sospechas de que el bombazo de Malegaon fue lanzado desde grupos de Extrema Derecha Hindú), que se alternan con masacres y cacerías organizadas por el BJP (Partido Popular Indio, o sea el gobierno). La Volksgemeinschaft alemana se ha reescrito en sánscrito y ahora se llama Hindutva. Ay mis pobre superhéroes, que complicada es la India real

