
A Good Child (Hao Hai Zi): Encontré esta película por casualidad, así, escarbando en mis caladeros favoritos, y dudé en verla. Porque, a priori, los dos temas-pilares (las crisis en la familia de las demencias y los drag queens) me daban escalofríos (mira, ahí tengo apuntada la novela de Maxim Huerta, que no me atrevo a abrirla, no porque crea que va a ser mala o vulgar, sino porque me asusta recuperar esas situaciones que cuenta y agotarme en un berrinche continuo y brutal) o al menos no me hacían mucho tilín (para sermones moralistas kawai, no tengo sitio en mi agenda). Luego resulta que no, que la peli es respetuosa sin caer en el optimismo ridículo, no ahonda en la tragedia ni da lecciones de “buen hacer”, y se entiende perfectamente a pesar de ser una producción de Singapur. Hay que ver cuantas cosas tenemos los seres humanos en común, aunque unos comamos garbanzos con bacalao y otros, curry de garbanzos

Un drama familiar que podría haber sido un dramón (y ojo, tiene sus momentos intensos y doloridos) pero no necesita recurrir a la farsa o la comedia cutre para compensarlos. Si acaso, a la leve sonrisa y la evocación nostálgica. A ver, el protagonista principal es una drag queen que se habia largado de casa harto de las palizas y desprecios de su padre y la mansedumbre de su madre, las comparaciones con su hermano (“que es tan formal, no como tú, mal hijo”) y el rechazo y estigma social de la comunidad. Se ha hecho un hueco en la escena del cabaret y las actuaciones en fiestas, tiene su canal de vídeo y una pareja estable (santo varón que la adora), así que, cuando muere el padre tirano, se pasa por el funeral y deja bien clarito que le importa todo un pito. Oye, yo por aquí y tu y tu novia (preñada), por allá. O eso creía ella subida a los taconazos, porque la madre viuda empieza a dar síntomas de que algo no va bien en esa azotea. Tragándose orgullos y sapos, el hermano que ha quedado a cargo le pide ayuda. Anda, mira, nada como una necesidad para “hacer las paces”, pelillos a la mar, yo la cuido por la noche cuando tu estás deslumbrando en el escenario, y tu estas con ella durante el día mientras yo y mi mujer trabajamos, ya buscaremos una salida mas adecuada, pero hay que organizarnos mientras tanto (¡ay, las soluciones provisionales!)


Hasta que un día upppsssssss problemas de coordinación… vuelve a casa con su ropa y maquillaje “de la otra vida” y aquí se organiza la zapatiesta, porque la madre (que ya tiene la cabeza bastante alborotada) se asusta de la intrusa. Reconducir, reconducir… Mamá, que soy tu hija, mira, mira, no ves la foto… (qué juego de manos en los móviles tan coordinado). Si, si… el recuerdo del segundo hijo varón se diluye y aquí se hace fuerte la hija guapa, salerosa y divertida, que se la lleva de compras o a la peluquería, la que espanta el fantasma del padre pegón cuando aparece por la puerta, que la acompaña al médico y se hace fotos con ella

Mención especial a las dos parejas de los hermanos: el fotógrafo paciente (que he ascendido a los altares de santos laicos junto con el marido de Medium, el de Entre Fantasmas y el mío propio) y la novia preñada, que se come el marrón de echar una mano cambiando pañales y lo que haga falta. Os habéis ganado el hueco en el cielo cristiano y en el cielo budista de Tushita, queridos.

Un buen producto bien filmado, que no cae en la burla o la escatología, que no se empeña en sacarnos escenas que no vienen a cuento, que tiene un guión bien llevado y sólidos actores al frente. De hecho, el protagonista Richie Koh (diplomado en Informática Financiera, con un CV decente en pelis y series) la ha petado en el mundillo, y aunque ya tenia un premio gordo (Golden Horse Awards) aquí ha dejado a los espectadores ojipláticos. Huifang Hong (La madre) en la vida real es una señora madurita y muy atractiva, pero oyes, este es el trabajo del actor, convencernos de la realidad de su personaje.

El resto, tambien mas que adecuado trabajo. O sea, que te crees la familia desajustada buscando un nuevo equilibrio


“En Singapur, las Drag Queen son como dinosaurios: todo el mundo ha oído hablar de ellas, pero nadie las ha visto”. Pues supongo que porque se las asocia con los sórdidos mundos de la prostitución, los espectáculos cutres o la homosexualidad vergonzante. Igual que en sus lejanos tiempos estuvo medio escondido aquí el precursor Manolita Chen y su Gran Teatro Chino (la del Paralelo de Barcelona),


(por el camino, me he enterado que existe el término ginandromorfofílico (sustantivo: ginandromorfofilia) y ginemimetofílico (sustantivo: ginemimetofilia): se utilizan para hombres heterosexuales que se sienten atraídos por mujeres trans que poseen una combinación de características físicas masculinas y femeninas, pero ojo, que tambien les atraen mujeres con fenotipo de mujer, sin extras. Mi abuela (que era una mujer muy moderna y sabe dios de dónde sacaba la información) decía que los hombres que gustaban de los travestis (entonces les llamaban transformistas) era porque solían ser versiones Hype, con rasgos físicos y comportamientos más femeninos que cualquier mujer, como caricaturas extremas . O sea… que voy a hacerme una manzanilla que me duele la cabeza

