Cuando vuelen los cerdos y florezcan los ababoles

Poppies. Maeda Seison (1885–1977). Japan, 1930. Color on paper. Hikaru Museum

Ya empieza a hacer algo de calorcito, pero por la noche refresca, así que he decidido que vamos a ponernos algo lleno de luz y alegría marítima para avanzar el verano. Venga, una… que digo, DOS películas, una del maestro (grande, grandeeeeee) Hayao Miyazaki y otra de su hijo Goro Miyazaki, que tampoco es para tacharlo, caramba. Para que vayáis preparando los manteles y vajillas de verano, pongáis a mano la cesta de picnic y en cuanto se arregle el tiempo (que vamos de borrasca en borrasca), al parque, hala, a hacer la fotosíntesis y disfrutéis la floración de los cerezos

La Colina de las Amapolas (From Up on Poppy Hill): empezamos con el hijo, que cuando por fin se decidió a trabajr para el Studio Ghibli hizo otra maravilla. Nunca cae el fruto lejos del árbol.

Eligió el manga del mismo nombre ilustrado por Chizuru Takahashi con guión de Tetsurō Sayama, muy shōjo en trama y estética (o sea, para adolescentes), pero en vez de copiar el estilo de trazo lo hizo en el de marca de la casa, y anda que no mejoró la cosa

La historia se sitúa en el año Showa 38, para nosotros en 1963, un año antes de las Olimpiadas de Tokio. La protagonista, Umi, es una adolescente cuya familia gestiona la casa de huéspedes Coquelicot Manor,

En lo alto de una colina desde la que se ve toda la bahía y el puerto de Yokohama

Cada día iza unas banderas de señales en recuerdo de su padre, fallecido durante la guerra de Corea.

Cuando no está hincando codos en el instituto, trabaja en el pequeño establecimiento (qué remedio, solo están ella, la abuela y sus hermanos), por ejemplo, preparando las comidas.

Todo parece ir fenomenal peeeeero, ya sabemos que sin conflicto no hay argumento, y aquí el problema es la renovación que está sufriendo Tokio de cara a los Juegos. Ay, que quieren echar abajo la vieja casa donde se reúnen los distintos clubs de estudiantes en sus actividades extraescolares. Pues no nos vamos a dejar, caramba.

A organizarse y a renovarla de arriba abajo, y a pelear por ella, en los periódicos, en la radio, donde sea. No puedes dejar las cosas importantes en manos de los adultos que lo estropean todo

La trama roza el problema del incesto (¿son Umi y Shun, el compañero de estudios, hermanastros?) aunque unos cuantos jeribeques salvan el problema. A ver, que esta es una película de buen rollito, un poquito de drama vale, pero no convirtamos la luminosa producción dirigida a la familia en una sórdida historia

Porco Rosso (Cerdo carmesí; Extraño Hechizo): Y aquí con ustedes la película del padre, que aunque nos digan que no es de las que más convencido haya acabado, para el resto de los mortales sigue siendo MA-RA-VI-LLO-SA. Lo que empezó como la pequeña producción de un corto dirigido al público infantil para proyectar en los vuelos de Japan Airlines, se cruzó con las noticias sobre la guerra de Yugoslavia (ese horror donde los vecinos se mataron los unos a los otros con los cuchillos de untar la mantequilla) y acabó siendo un alegato genial contra la guerra, los totalitarismos y la misoginia.

La historia original es un manga del propio Hayao Miyazaki, que anteriormente había creado la obra Hikōtei Jidai (The Age of the Flying Boat), un trabajo de acuarela de quince páginas para una revista de aeromodelismo. Mucho mas ligera en contenido y con menos personajes, con modelos modificados, se reeditó añadiendo modelos, planos, fotos de los componentes reales, entrevistas… llegando a las 72 páginas

Pero como es marca de la casa, con una belleza y una dulzura casi dolorosas, que es como se trabaja en serio. Y los directivos de la compañía aérea, por una vez, demostraron que eran mas inteligentes que lo habitual en las sórdidas reuniones de negocios, y se lanzaron a participar en la producción apostando por el estreno en cines

Ay, ese vino blanco helado al borde del mar

La trama mezcla fantasía y realidad, lo justo para que la una tenga cerdos voladores pilotando hidroaviones y la otra, a Mussolini en Italia con sus camisas negras. En ese mas Adriático vuela en su avión color tomate maduro Porco Rosso, que antes fue el piloto italiano Marco Pagot, pero durante la I Guerra Mundial perdió la fe en el ser humano y ¡zas! Maldición al canto que le cayó, oink oink.

Que sea un cerdo no le ha convertido en un malvado (o un fascista), así que el surca los cielos trabajando como cazarrecompensas contra los piratas aéreos (vale, os aviso, estos son un invento de Miyazaki), que hartos de su acoso contratan a un mercenario estadounidense para derribarlo

“Si esto fuera animación, habría sido capaz de mostrar la grandeza de esta batalla a vida o muerte”. Pues al final, el director se salió con la suya y nos dejó embobados con las evoluciones de los aviones en cielos de azul infinito, con ese cerdo a los mandos

… y esa viuda enamorada que espera que el la acepte como ella le acepta a él, y esa adolescente que prefiere engrasarse los monos en los talleres que vestir de princesa, y ese mercenario en liza, y esos piratas de Penzance digooooooooo del Mamma Aiuto…

Todavía hoy, mas de treinta años después de su estreno, muchos se preguntan si acaba bien o mal, y eso es señal de que sigue siendo un producto que deja huella (no como tantas pelis que nos venden como excelentes, y no llegan a

Ya os digo yo que en ambas producciones no hay fotograma feo. Ni mala canción, todo un lujazo de Joe Hisaishi, que si la ponen en un restaurante de música ambiente, acabas dejando los cubiertos en la mesa para disfrutarla con melancolía y plimplando la botella de vino. Así que hoy os dejo con la canción Le Temp des Cerises, originalmente una canción escrita en 1866 por Jean-Baptiste Clément de letrista y musicalizada por Antoine Renard en 1868. Aunque inicialmente es una canción de tema romántico, acabó siendo un himno de la Comuna de París (1871). Esta vez, en la voz de la que dicen ha sido la mejor intérprete de la canción en todas las versiones de la película, Sakurambono Minorukoro

Publicado por directoraymas

Apasionada por la fotografía. Mas de 40 años viendo cine de todo tipo y últimamente decidida a hacer sus incursiones en el asunto. Viajera siempre que puede, pudo y podrá. En la mesa lo mismo puede haber una tortilla de patatas que un wok de verduras o una selección de mezzes... Con semejantes antecedentes, solo podía organizar un blog ecléctico entre la curiosidad y el desparpajo

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