
Kwaidan (El más allá): Los niños están histéricos esperando a los reyes, los adultos aun mas histéricos aguantándolos, La cabalgata les ha espabilado en vez de adormilarlos, el chocolate les ha dado energía… pues vamos a hacer lo que podamos para tenerlos quietos, hala, a contarles cuentos. Uno no, dos tampoco, cuatro, cuatro bonitos cuentos japoneses. Originalmente se catalogan como “de terror”, pero ahora a los nenes les da la risa floja con algo tan naif, y los catalogaremos de folklóricos. Con mucha fantasy y muchísimo arte, algún FX que se nos queda viejuno pero sigue siendo suficiente, y ese toque vintage que nos deleita.

La primera historia es la del samurái que se larga de casa y deja a la mujer (una santa, pobrecilla) plantada, hala que te den, que me voy a buscar el honor, la gloria y un mejor acomodo. Que cabrón, que egoísta infame

La segunda, el encuentro de dos leñadores con un yokai, la Mujer de Nieve (Yuki-Onna), espíritu de blancura sobrenatural y caprichoso comportamiento, que puede matarte o salvarte, y al más jovencito le perdona la vida a cambio de guardar el secreto


La tercera es la del monje ciego que canta la epopeya Heike Monogatari (el Cantar de Heike, un poema épico del siglo XIII) y sobre todo la batalla de Dan-no-ura. Un espectro le recoge cada noche para entretener a una corte fantasmal con su interpretación. Al pobre rapsoda le están chupando la energía, con eso de no dormir y no cenar y tal, así que el abad lo “vuelve invisible”

La cuarta es la que resulta menos “cerrada” en su argumento: no se sabe porqué el espíritu que aparece en la taza de té la emprende con el asistente de un señor de la nobleza, ni cómo acabará el cuento. Ah, que el escritor lo tiene aun a medio redactar.



«Exquisitamente diseñada y meticulosamente ornamentada, la ambiciosa antología funciona menos como un ejemplo aterrador de horror y más como un tributo meditativo al folclore japonés». Pues sí, oigan una maravilla que hay que disfrutar. Desde la BSO tan curiosa (en el primer cuento creíamos que se había caído el sonido, luego entendimos que era un silencio voluntario) hasta las referencias al surrealismo (el cielo con ojos del invierno), el uso impactante del color rojo (para estudiar de rodillas, DE-RO-DI-LLAS en las escuelas de cine)… lo que es bueno, es bueno, ahora y entonces. Ni strangethings ni porras, ya vale de engrudo yanqui. El director, Masaki Kobayashi, agotó su presupuesto a las tres cuartas partes de la producción, lo que llevó a Kobayashi a vender su casa. Kwaidan fue reeditada a 125 minutos en los Estados Unidos para su estreno en cines, que eliminó el segmento «La mujer de la nieve» después del estreno de la película en Los Ángeles. Peor para ellos, es una historia delicada y melancólica, pero bueno, los distribuidores americanos son así (de gilipollas)

Los cuatro cuentos están sacados del libro Kwaidan: Stories and Studies of Strange Things, de Lafcadio Hearn (diecisiete cuentos fantásticos de diferente procedencia y, como colofón, tres ensayos acerca de las supersticiones de chinos y japoneses sobre los insectos). Kwaidan es una transliteración arcaica del término kaidan, que significa » historia de fantasmas” o más bien “de sucesos y cosas extrañas”, un género muy abundante en el folklore y la literatura japoneses. El kaidan ha sido un género que se transmitía originalmente de forma fundamentalmente oral (siendo parte importante de su éxito el popular juego del Hyaku monogatari kaidan kai, la reunión de los cien kaidan, reuniones en las cuales los participantes se reunían a oscuras, cada uno con una vela o lamparilla envuelta en un andon de papel azul, contaban cuentos de miedito por turno y al acabar, soplaban la luz. Al final, se supone que se aparecía un espíritu (el Ao-Andon, un ser peligroso), pero la gente cuidadosa, al llegar a la historia noventa y nueve, daban por finalizada la velada, y de esta forma el grupo evitaba tener que apagar la última luz que mantenía alejada al Ao-andon. Ahem, siempre habría algun capullo que soplaría la candelita para liarla parda…

A partir del período Edo (1603-1868) estas historias comenzaron a ser recopiladas, recogidas por escrito, y publicadas en forma de libros denominados como kaidanshu (colecciones de kaidan), y la gente se divertía en las noches calurosas de Obon, asustándose los unos a los otros

Y quien estaba ahí para leerse los libros y oír las historias que contaban las gentes… pues el escritor Lafcadio Hearn, periodista, orientalista y folklorista, que acabó tan enamorado de la cultura japonesa (y tan harto de Estados Unidos, donde empezó trabajando en un restaurante) que acabó nacionalizándose nipón, casándose con una japonesa (con la que al principio se comunicaba como podía, porque el no hablaba japonés y ella ni papa de inglés) y alcanzando una estabilidad que no había tenido hasta entonces. Amor y cuentos a la luz de las linternas. Él mismo decía: «Yo no invento mis historias. Las he obtenido a través de la vida japonesa: hechos contados en los periódicos; hechos que me han contado peregrinos, viajeros, criados; hechos que he observado durante mis viajes». Pero si tu propia biografía es un peliculón, Lafki.

